Cada
vez son más las grandes -y no tan grandes-- empresas que
apuestan por poner en marcha medidas de cara a la conciliación
de la vida laboral y familiar. Este fenómeno, que se me antoja
imparable, debe hacernos reflexionar sobre dos aspectos: ¿Es
que se trata de un plan de marketing con vistas a purgar malas prácticas?
o, por el contrario, ¿Es el resultado de una política
de dirección de personas que asegura a medio y largo plazo
una rentabilidad adicional a la empresa?.
La
jornada de 35 horas semanales, los permisos por maternidad y lactancia,
las reducciones de jornada o la excedencia parental son realidades
que han visto la luz en los últimos años. Logros sociales
que empleados y empleadores del siglo XXI ven como cotidiano. No
era ese el panorama hace unas cuantas décadas.
Pero
me gustaría extender esta cuestión a la jornada del
directivo. ¿Acaso el directivo tiene un horario? Debería
tenerlo, aunque sólo fuera por aquello de "mens sana
in corpore sano" que nos anunciaba Junio Juvenal, el poeta
latino. Vayamos por partes. Organizamos nuestra actividad, dedicamos
un precioso tiempo a planificar, tomar decisiones o reunirnos. Todo
esto es tiempo de trabajo. Tiempo que, nosotros más que nadie,
debemos gestionar como oro, como la vida misma.
Desde
aquí, me gustaría detenerme para analizar algunos
de los síntomas que nos indican que algo no marcha bien del
todo en cuanto a la gestión de nuestro tiempo. También
apuntaremos unos guiños, que suelen ser rasgos comunes a
todos los directivos en cuanto a su utilización del tiempo,
para finalmente, tratar de avanzar algunas notas sobre cómo
prevenir este mal y de paso mejorar nuestra calidad de vida.
Síntomas de una mala gestión del tiempo.
Reuniones
sin hora de finalización o lo que es peor, con hora de finalización
que jamás se cumple.
¿Cuántas veces nos reunimos y sólo conocemos
dos o tres aspectos de la reunión? La hora de comienzo, el
lugar y las personas con quien nos reuniremos. A veces conocemos
el motivo principal, motivo que inexorablemente deriva en otros
motivos también importantes y vitales para la empresa y,
por tanto, hay que abordarlos. Son reuniones que yo llamo "de
repaso". Suelen acabar por agotamiento o porque hay otra reunión
que precisa de alguno de los asistentes a la primera. ¡Huyamos
de este tipo de reuniones! Cuestan dinero, horas y motivación
de nuestros directivos. Sólo en horas, podemos hacer unos
cálculos muy sencillos. Multipliquemos dos reuniones a la
semana, por tres horas, por 40 semanas, por una media de 5 directivos,
por una media de 60 euros la hora y obtenemos el dinero que más
o menos perdemos en reuniones de este tipo: 12 millones de pesetas.
En euros, 72.000 al año. Esto es aplicable a una empresa
de no más de 1000 empleados y no más de 40 directivos.
¿Cómo
remediarlo?
Un
tratamiento sintomático más una buena terapia de base.
Contra los síntomas, imprescindible conocer el motivo, el
lugar y las personas, sí. Requisito higiénico imprescindible,
conocer la hora de comienzo y la hora prevista para finalizar la
reunión. Tratamiento de base. Entregar documentación
previa, junto al orden del día y aquello que necesitan que
nosotros preparemos o aportemos. Importante también conocer
al final las conclusiones, compromisos de tareas o acuerdos. Deberíamos
hacer reuniones con un mínimo de rigor, aunque sólo
sea por obtener mejores resultados, que no es poco.
¿Tienes
un minuto?
Son los que se acercan al despacho, te formulan la pregunta infalible
que sólo tiene una respuesta válida. ¿Tienes
un minuto? Cómo no ¿qué se te ofrece? Y siempre
caemos. Son más hábiles que nosotros. Ni que decir
tiene que ese minuto, una vez que han abordado nuestra "goleta"
dura lo que el aburrimiento y la paciencia tardan en ponerse de
acuerdo.
Hay
remedio. Pues debería tener varias respuestas, del tipo de
"Ahora mismo no lo tengo, pero te aviso más tarde y
me lo comentas" o esta otra " Cómo no, en cuanto
termine este asunto estoy contigo y seré todo oídos".
¿Verdad que es fácil?
Reuniones
informales.
Son como las primeras pero "a traición". Suelen
durar menos, eso sí, pero también nos roban tiempo.
Remedio
mágico. Huye a todo tren de las reuniones informales, detecta
los prolegómenos de ellas. Una cosa es escuchar o estar abierto
a propuestas, y otra bien distinta es analizar de forma colegiada
cada paso que tengamos que dar. Insisto, aléjate de las reuniones
informales mientras estés a tiempo. Si no sabes por qué,
es que te sobra el tiempo o te faltan tareas.
Correos electrónicos.
Son una especie de "ciberpiratas domésticos" que
con la ayuda de las nuevas tecnologías potencian su eco.
Y si además le adjuntamos una presentación en power
point con unas fotografías de icebergs, perritos o caras
de otros pueblos, junto a frases propias de un reciclaje sórdido
de Gandhi, Teresa de Calcuta o Tagore, tenemos la combinación
perfecta que ni el propio Albert Einstein hubiera imaginado: Espacio
y tiempo. Nos saquean el espacio y el tiempo. El espacio, porque
una presentación de este tipo suele ocupar mucho y además,
suele ser un reenvío múltiple. El tiempo por lo que
antes decíamos. A veces nos advierten de algún tipo
de virus, troyano o vaya usted a saber, cuando resulta que el peor
de los virus es precisamente ese, el que te ha llegado de manera
repetida avisándote de que borres, no abras, difundas o envíes
no se qué a no se qué otra dirección.
¿Hay
remedio? A grandes males
restringe tu dirección de
correo electrónico y no formes parte de listas, que no sabes
muy bien el origen o la finalidad. Prepara de forma automática
una regla con el asistente del correo para que este tipo de mensajes
vaya directamente a otro lugar y puedas decidir si abrirlo o no.
Bueno,
tampoco se trata de convertirnos en seres incomunicados de férrea
disciplina con respecto al tiempo y a las relaciones. Que no se
trata de eso, todo lo contrario, pero sin perder de vista que nuestro
tiempo es perecedero. De lo que sí se trata es de que tomemos
conciencia de ello y apliquemos la máxima de aristotélica:
"la virtud está en el término medio".
Rasgos
comunes con respecto a la gestión del tiempo.
Con
alguna variación individual, podríamos asegurar que
existen rasgos comunes y que se transforman en conductas propias.
Una
sensación de que el día se queda corto y de que con
un par de horas más que tuviese nos bastaría. Pues
no, sólo se trata de una sensación relativa a la percepción
del tiempo que ya malgastamos.
Cuando
nos marchamos en horario "normal" nos da la impresión
de que nos estamos escapando o tomando tiempo a cuenta de lo mucho
que ya trabajamos cuando nos quedamos hasta las tantas. Otro fallo,
cuando hay que irse porque queremos ver a nuestro hijo en el partido
de baloncesto, lo decimos y no nos inventamos las revisiones del
coche o las citas del dentista.
Bueno,
me marcho pero cargo el ordenador y meto todos los papeles en la
carpeta para leerlos en casa. ¿A qué hora, antes o
después de la cena cuando ponen ese programa en la tele?.
Al final lo que hacemos es pasear la cartera y el ordenador. Para
lo único que nos sirve es para sentirnos más unidos
al despacho.
Medidas preventivas. Tu tiempo es tu vida y sólo a ti te
pertenece.
Y
si trabajas en una empresa en la que tus jefes piensan lo contrario,
tal vez deberías plantearte que no te conviene. No digo que
te marches, digo que no te conviene, aunque tú a ellos está
claro que sí.
Primera
medida: Planificación de tareas. Si no sabes a qué
hora vas a salir, es fácil sospechar que te entretengas en
mil cosas, pensando que en el tiempo cabe todo. Planifica tu día
sacando el máximo provecho al tiempo, hazlo de manera rigurosa,
agrupa las tareas y no caigas en los estímulos que te van
a sonsacar a lo largo de la jornada. Los estímulos pueden
hacer que veas como urgente aquello que no lo es. Tus objetivos
los marcas tú cada día. Planifica pues lo importante,
prioriza lo urgente y comienza a trabajar en aquello que ves como
inalcanzable, pero que tienes que abordar. Esto a la larga se nota,
lo notas tú y lo notan los demás.
Segunda
medida: Control del tiempo. Una vez que has planificado el día,
controla el tiempo. Dedica el tiempo necesario a cada cosa, ni más
ni menos. Cada tarea tiene su tiempo, no por darle mil vueltas más
de las previstas vamos a solucionarlas. A veces es mejor sedimentar
el pensamiento y retomarlo con energías renovadas.
Tercera
medida: Señales de alerta. Coloca señales de alerta
en tu despacho, evita los merodeadores del ¿tienes un minuto?.
Ya los conoces, no son malas personas, son colegas y en algunos
casos amigos, pero evita que ello te cueste a ti siempre el tiempo.
Da a conocer que en determinadas horas tu tiempo es sagrado porque
lo dedicas a trabajar. ¿Te resulta obvio? mejor pues. Pon
reglas a tu correo con respecto a los tantras y perritos que te
envían. No digo que los borres, simplemente no los alimentes,
no le dediques más tiempo que el que te tome detectarlos.
El correo electrónico nos roba mucho tiempo, sácale
partido a las nuevas tecnologías, evita que te lo saquen
a ti.