Cuando
lea esto, seguramente comenzará a preguntarse por el auténtico significado
de las palabras que encierran este texto. El significado está en cómo
llega a su corazón a través de su lectura. Me propongo hacerle partícipe
de un legado; del legado que hace más de dos mil años nos dejaron
los tres hombres más grandes y sabios que jamás he conocido, aunque
no hablo de un conocimiento de su biografía o de su obra, ni siquiera
de su pensamiento. Se trata de su esencia, de su secreto, secreto
que ahora comparto con mis lectores. Deténgase un momento y deje que
sean ellos los que se presenten por ellos mismos. Se llaman Sócrates,
Platón y Aristóteles. Estos tres filósofos dejaron, cada uno a su
manera, sus huellas en la civilización europea. Ve el sentido, he
dicho que se llaman y no que se llamaban, pues son inmortales, los
inmortales por antonomasia. Ya sé que los conoce, que sabe de su existencia,
de sus obras e incluso de muchas otras cosas en torno a ellos y a
muchos de sus coetáneos en la antigüedad Griega, pero ese no es mi
objetivo como ya habrá adivinado.
En
esta ocasión nos detendremos con el primero de ellos, Sócrates, no
tenía como objetivo enseñar a nadie, por el contrario daba la impresión
de que aprendía de las personas con las que conversaba mientras paseaba.
Él sostenía la tesis del "sólo sé que no sé nada" Como decía
a menudo, la matrona no paría al niño, el niño nacía con la ayuda
de ésta, que no es lo mismo. Pues de la misma manera él ayudaba a
"parir" el conocimiento en los demás, porque el verdadero
conocimiento tiene que salir del interior de cada uno. No puede ser
impuesto por la voluntad ni por el convencimiento de los otros. Ahora
pensará que le estoy impartiendo una lección de filosofía en toda
regla, nada más alejado de mi intención. Imagínese que tengo un álbum
de fotos que guardo con mucho cariño y le enseño cada una de ellas
mientras le voy contando lo que alrededor de cada una de las fotos
acontecía. Imagínese que tengo más álbumes de fotos y se los voy mostrando
en cada ocasión según los voy desempolvando, imagínese que esto es
una conversación sobre los grandes temas -o los más sencillos- que
afectan al mundo, a las personas.
¿Ya
se va aclarando el objetivo del texto? Poco a poco, ya verá... pienso
llegar hasta Machado y aún me queda pasar por Erasmo o el mismísimo
Maquiavelo, así que será mejor que se prepare. Al final, con un poco
de suerte, le invitaré a recorrer los confines de Monte Olimpo con
dioses y diosas incluidas.
Ah,
casi se me olvidaba, el verdadero propósito lo constituye mostrarle
el significado de lo que yo considero madurez de pensamiento. Siga
imaginando y piense que en una primera etapa tenemos información,
conocimiento, datos, capacidad de juicio crítico. Es una primera etapa
que parte ya de un nivel de pensamiento formal y por tanto propio
de personas inteligentes, de personas con un bagaje intelectual fruto
de sus propias experiencias, creencias, conocimientos y de su relación
con los demás. En esta etapa cada persona tiene respuestas a muchas
preguntas y tiene también formado un juicio sólido de las cosas. Sigamos
avanzando por este camino. Existe, a mi juicio, una segunda etapa
en la evolución del pensamiento humano, está caracterizada por una
mayor apertura hacia el pensamiento y hacia las ideas que tienen los
demás, incluso cuando son contrarias a las propias o que en cierto
modo nos pudieran parecer extrañas o incomprensibles. Esto nos exige
un esfuerzo adicional por conocer los verdaderos motivos que nacen
de tales ideas. También en esta etapa se nos plantean cuestiones que
van más allá de los contenidos o de las formas, es como tener una
capacidad especial para originar un modo de pensamiento sobre el mismo
pensamiento. Tenemos, por un lado, un avance en cuanto a la capacidad
para ponernos en el lugar del otro, y por otro lado, una nueva forma
de generar nuevo pensamiento, nuevas ideas; esta fase puede ser la
intermedia en nuestra meta para alcanzar esa madurez de pensamiento
a la que aludo. Por fin llegamos a una tercera etapa o estadio en
la evolución de nuestra madurez como seres pensantes ¡digo yo! En
tal proceso hemos logrado conocer, generar, empatizar y descubrir
más allá de nuestras propias proyecciones.
Pues
aún hay más, ahora es cuando empieza de verdad el camino al que hacía
referencia antes. Ahora imagine una cuarta dimensión en lo que a pensar
se refiere, no se trata ya de procesar más información que nadie,
ni tan siquiera obtener un CI de 160 en un test de inteligencia. La
meta no es la velocidad o la cantidad, que no, que tampoco es la calidad,
es más, mucho más, no busque límites porque no los hay, al menos no
están predeterminados "per se". Somos nosotros los que ponemos
esos límites. Pues bien, cuando seamos capaces de romper esas barreras
y esos límites estaremos en disposición de saltar hacia la fase
en la madurez de nuestro propio pensamiento.
Ricardo Sotillo