Hablar
de los nuevos paradigmas que son objeto de análisis en el mundo
de las organizaciones tiene su referente obligado a mi modo de ver
en el humanismo; sí, en el humanismo originado en su concepción
más renacentista. En un nuevo resurgir de unos valores y de
una visión que coloca a las personas en el centro del universo,
en un nuevo orden universal en el que estamos inmersos. Y es que las
organizaciones empresariales no son sino pequeños fragmentos
de este universo donde se reproducen los modelos sociales a escala.
Y
este nuevo enfoque humanista al que aludo, sólo es auténtico
si lo tomamos como un viaje de ida, porque en realidad no tiene marcha
atrás. Si tuviese marcha atrás estaríamos hablando
de una moda más. Organizaciones de todo el mundo han abordado
su misión, visión y valores basados precisamente en
este nuevo paradigma. Algunas sin conocer exactamente sus conceptos,
otras presionadas por la moda del nuevo liderazgo motivacional, pero
eso sí, todas convergen en lo mismo: quieren ser empresas eficientes,
con una buena cartera de clientes y con una buena imagen social.
Del
mismo modo que Mc Luhan anunciaba unas décadas atrás
la "Aldea Global", el nuevo enfoque humanista no es sino
la expresión de un proceso que ha encontrado su camino en el
nuevo modelo social que se ha ido conformando en la nueva sociedad
del siglo XXI: la Sociedad de la Información.
Hemos
pasado o estamos en ello de organizaciones donde lo que prima es el
resultado, la producción de una manera exclusiva, y seguirá
siendo así mientras la presión de los mercados así
lo exija, mientras la ley de la oferta y la demanda así lo
ordene. Entonces ¿Cuál es la diferencia? ¿Hacia
dónde van las nuevas organizaciones humanistas? Precisamente
hacia el mismo objetivo, el fin puede ser similar, los medios (procesos)
no. El matiz diferencial no está en la producción, lo
está en el nuevo concepto: de persona que conforma una organización
frente al de trabajador-asalariado.
Si
queremos construir empresas, equipos de trabajo realmente eficientes,
no nos queda más camino que el de generar en las personas la
motivación suficiente para que surja de cada uno, en el nivel
individual, el potencial suficiente que haga posible alcanzar nuestros
fines como equipo. Parte del mismo principio de la psicología
de la Gestalt, según el cual "El todo es superior a la
suma de las partes" o dicho de una manera más cotidiana:
una película es mucho más que la suma de cada uno de
sus fotogramas. Pero hemos hablado de motivación antes de aclarar
convenientemente lo que significa ese "nuevo enfoque humanista".
Algo tan sencillo de escribir como complejo de llevar a la práctica.
Pero sigamos, que al final lo conseguiremos.
Cuando
Douglas Mc Gregor postuló sus teorías en "El lado
humano de las organizaciones" (1960), lo hacía en un contexto
en el que dominaban las tesis de Taylor, la planificación milimétrica,
la producción en cadena, el positivismo, pero sobre todo lo
que dominaba era un modelo social aún inmerso en la Sociedad
Industrial, donde trabajador representaba producción y salario.
Ahora no sólo han cambiado los presupuestos socioculturales,
descartando los anticuados modelos positivistas e inclinándose
hacia otros de raíces psicosociales, no, no sólo eso.
Ahora ha cambiado realmente la sociedad, han cambiado las necesidades
de los individuos que la conforman y que se reproducen en las estructuras
organizativas de los distintos países.
Si
en el contexto anterior las organizaciones empresariales se bastaban
con una estructura de comunicación descendente, basada en instrucciones;
en el nuevo panorama empresarial hablamos de nuevas necesidades, de
comunicación ascendente, horizontal y descendente, pero no
queda ahí la cosa. Ahora estamos ante una realidad en la que
el trabajador es "persona" que requiere, además de
un salario, satisfacer unas necesidades de pertenencia, de reconocimiento,
de desarrollo profesional y personal. Es frecuente acudir a debates
en los que se habla de clientes externos (los que pagan) y de clientes
internos (nuestros profesionales) dándoles el mismo peso específico
a ambos. También es frecuente en las empresas encontrarnos
organigramas más horizontales con nombres diferentes en lo
que tradicionalmente ha sido el departamento de recursos humanos.
Basta con mirar la información corporativa de distintas empresas
de diferentes naturalezas para ver como confluyen en un punto común:
sus departamentos de recursos humanos se denominan de "relaciones
humanas", de "desarrollo", etc. Han entendido que las
personas, más que un recurso, son la esencia, el eje central
de la organización. Pues bien, esta podría ser una buena
muestra del nuevo humanismo empresarial.
Su
aplicación a la empresa no está ya en función
de una estrategia directiva exclusivamente. De ahí que el avance
de este modelo y su integración en las empresas sea una expresión
paralela a la globalización de mercados, al intercambio cultural
entre distintos países y, sobre todo a un criterio de eficiencia.
Dicha aplicación al ámbito organizativo está
en función de ese entorno sindical, normativo, cultural, económico
y, sobre todo, social.
Ricardo Sotillo