En
cada empresa, como organización que es y que está configurada
por personas, recursos, planes, objetivos y todo cuanto ayuda a la
complejidad aparente de tal entramado, tiene lo quiera o no
un problema que resolver al ritmo que le marca su propio desarrollo:
su razón de ser. A partir de esta reflexión se hace
obligado plantearse bien los problemas, y es que tener bien planteado
nuestro camino como empresa es clave para hacerla perdurable. Claro
está, que no debemos olvidarnos del azar, la fortuna diría
Maquiavelo y todos aquellos imprevistos que, de un modo u otro,
tenemos que introducir entre las variables previstas ¡paradoja
de la prospectiva!.
Decía
antes que tener bien planteada nuestra empresa es clave, y del mismo
modo que en nuestra vida nos apoyamos en una serie de referentes,
en la empresa existen también tales referentes. En las personas
suelen ser fundamentales aquellos que tienen su base en la familia,
aunque no necesariamente me tenga que referir a la familia estándar,
pero eso sí, que genere lazos afectivos, que proporcione seguridad
y satisfaga aquellas necesidades que hoy consideramos básicas.
En etapas sucesivas de la vida, estos referentes se cambian o
cobran mayor importancia otros los amigos, el grupo social,
las interrelaciones, etc. Es en esta etapa, en la que comienza la
búsqueda de uno mismo, donde nos detendremos para buscar los
referentes de nuestra empresa.
Primera
cuestión: para llegar a donde nos proponemos debemos partir
de posiciones realistas, aunque envueltos en optimismo y con afán
de superación. Es como si tuviéramos que disparar una
flecha contra una diana que está a cierta y respetable distancia
¿qué hace el buen arquero? Eleva su punto de mira un
poco más para prever la parábola y así dar en
el blanco. Ocurre con cierta frecuencia que hacemos planteamientos
erróneos porque la valoración que tenemos de nuestro
potencial no se ha hecho correctamente, tanto por defecto como por
exceso. Esto no es más que una prueba del desconocimiento que
tenemos sobre algo en lo que estamos inmersos los árboles
no nos dejan ver el bosque Conocer nuestras limitaciones, pero
también conocer nuestro potencial es conocernos como organización.
A
veces, cuando estamos ante determinados frentes que, por su naturaleza
o por su cuantía, nos asolan, tendemos a hacer planteamientos
derrotistas o negativistas (Esto está fatal, nos hundimos
)
en definitiva, gana la batalla el lamento frente a ese afán
de superación que debemos exigirnos como empresa. Consecuencias:
se rompe la ilusión, se debilita la voluntad, nos volvemos
mediocres y todo vuelve a la rutina.
Vayamos
al grano, hablemos de uno de los aspectos que más ha crecido
en función de múltiples variables entre las que destaca
la tecnología: la información. Ese es uno de los elementos
claves en cualquier organización, hecho que se exacerba si
esta organización tiene unas características determinadas.
Es verdad que disponemos de gran cantidad de información, pero
¿estamos mejor informados por ello? Quizás ocurra el
efecto contrario: hallarnos perdidos o desbordados ante tal cantidad
de información, atractiva aunque no necesariamente útil.
La consecuencia es la pérdida de referentes, falla la base
donde se sustenta nuestra organización, la teoría y
vamos perdiendo pie donde apoyarnos. Contra esto, la mejor arma la
constituye nuestro proyecto, nuestras ideas, nuestras creencias y
nuestro potencial. Es que un proyecto de tal calibre requiere de una
planificación, de una articulación entre las cosas que
lo van a ir haciendo posible día a día.
Qué
duda cabe que un análisis de nuestra trayectoria como empresa
requiere un esfuerzo desde dentro y no hacerlo desde la superficie
o desde la cima de nuestros triunfos. Una vez sumergidos en el interior
de nuestros motivos y empeños que nos hicieron llegar hasta
donde hemos llegado, nos queda plantearnos el futuro y, si es posible,
hacerlo con fuerza renovada, con entusiasmo y con ilusión,
aunque no sólo con estas premisas. En cualquier caso es necesario
buscar el verdadero sentido de nuestra razón de ser, no ya
desde el punto de vista puro existencialista, no, me refiero a la
identidad más que a la existencia.
Si
nos fijamos bien en las empresas que han triunfado y que han perdurado
en el tiempo podemos adivinar un punto en común: todas están
perfectamente identificadas con la sociedad y, en muchas ocasiones
son el referente de producto. Esto no sólo es de aplicación
a la Minipimer o a la Cocacola para referirnos
a marcas que denominan producto, también es de aplicación
a ideas o a fuertes asociaciones entre una empresa y su introducción
en la propia cultura de una sociedad que trasciende el espacio y el
tiempo; se me antoja pensar en el fenómeno Disney. La cuestión
es que la trayectoria de empresas que han supuesto un hito importante
en la sociedad a la que pertenecen, tomadas de una en una, nos invita
a contrastarla con la nuestra, no para llenarnos de envidia ni para
quedarnos boquiabiertos ni siquiera para lamentarnos de nuestra pobre
suerte; nos invita para comprenderlas, para analizarlas desde fuera
y desde dentro y, lo que es mejor, para analizarnos nosotros.
Planificar
nuestras acciones, diseñarlas, tomar conciencia de lo que somos
y del medio en el que estamos y prepararnos para una carrera de fondo
son buenos ingredientes para el éxito, pero no es suficiente
para nosotros. A esto hay que añadir ilusión, entusiasmo
y fuerza. Tres elementos que han de tener una correlación con
la realidad (la flecha un poco más alta, pero no apuntando
al cielo).
Ricardo Sotillo