La
conciliación laboral, una cuestión relativa.
Si analizamos
algunas de las creencias que nos han modelado respecto al éxito
personal y desarrollo profesional comprobaremos que muchas de ellas
parten de premisas erróneas. O tal vez habría que decir
que parten de una concepción observada en un sistema de referencia
inadecuado, algo parecido a lo que ocurrió con la teoría
de la relatividad de Einstein cuando entró en el escenario de
la mecánica clásica de Newton. Costó al principio,
aunque ya nadie duda de la teoría de la relatividad que cambió
nuestra idea del universo y dio cabida a los agujeros negros e incluso
a la posibilidad de viajes interespaciales. Y todo eso sin desechar
la valiosísima aportación de las leyes de la termodinámica
que nos posibilitan ir al trabajo en coche, en tren o en autobús
para quien prefiera el uso del transporte público.
Ahora se
preguntarán si es que les voy a hablar de física, quizás
con un cierto, que no relativo, escepticismo. Hablaremos de trabajo,
de la mejor manera de obtener rendimiento en el trabajo si tenemos en
cuenta los sistemas de referencia sociales, laborales y legales. Si
tenemos en cuenta, como hizo Albert Einstein, que la luz tiene una velocidad
limitada, que el espacio y el tiempo son coordenadas y que la energía
es el resultado de la multiplicación de la masa por el cuadrado
de la velocidad de la luz. Pues bien, nosotros estableceremos que el
tiempo es una coordenada importante en nuestra vida laboral, que el
espacio, nadie duda tampoco, es otra coordenada clave y que la energía
que nos mueve en vez de "m" de masa podemos sustituirla por
"m" de motivación, así podremos hacer igual
que nuestro físico favorito y dejar la luz con su velocidad constante.
Veamos
pues, cuáles son las primeras aportaciones de esta teoría
de la relatividad laboral respecto de la clásica:
Primera
cuestión. Quien triunfa en el trabajo, es porque es un buen
profesional, alcanzará el éxito y el pleno desarrollo
personal. Logrará el equilibrio en su vida personal, social e
interior. Parece que desde la perspectiva clásica es así.
Pues bien, nuestra posición defiende que para lograr ser un buen
profesional y alcanzar el éxito en el trabajo, es preciso contar
con un bagaje de conocimientos, habilidades y destrezas que lo permitan,
hay que contar con un apoyo social y con cierto equilibrio personal,
en definitiva, para alcanzar el éxito profesional, es necesario
alcanzar el éxito personal previamente y no al revés.
Imaginemos
a un atleta al que por entrenar o mantener una alimentación sana,
le reprochásemos que pierde el tiempo cuando lo que debería
hacer es dedicarse a ganar competiciones. ¿Absurdo? Más
o menos lo que hacemos con los empleados que además de trabajar
con nosotros, desarrollan su vida personal y social y no están
dedicados en cuerpo y alma a nosotros o nuestra empresa.
Segunda
cuestión. Cuantas más horas nos pasamos en el puesto
de trabajo, frente al ordenador o simplemente en el despacho, más
rendimos y obtenemos mejores resultados para la empresa. Este planteamiento
parece lógico, aunque sólo desde la perspectiva clásica.
Sería válido para las cadenas de producción, con
reparos, pero jamás podría admitirse en nuestra perspectiva
relativa. Afortunadamente el rendimiento en la mayoría de nuestros
trabajos tiene mucho que ver con la toma de decisiones, las relaciones
humanas y la información que avala esta toma de decisiones, y
créanme, ninguna de estas necesidades se encuentran dentro del
despacho. A veces el despacho es nuestro "agujero negro" que
nos absorbe gravitatoriamente.
Tercera
cuestión. El absentismo es fuente de bajo rendimiento para
la empresa y los empleados utilizan la baja laboral con más frecuencia
de lo estrictamente necesario. Dicho así parece que está
en la línea de las creencias más clásicas del conocimiento
laboral en los países desarrollados. ¿Cómo explicamos
este fenómeno desde nuestra teoría de la relatividad?
Justo al revés. El absentismo es resultado y no origen, es decir,
el absentismo se produce por tres razones principales:
1.- Por
una mala política en materia de salud laboral
y de prevención de riesgos laborales en la empresa. Esto explicaría
el alto índice de bajas por Accidentes de trabajo o por enfermedad
común relacionadas directamente con la propia actividad.
2.- Por
un planteamiento erróneo en la gestión
del tiempo y turnos de los trabajadores. Esto explicaría
el mayor número de absentismo por causa no médica, es
decir, la utilización extrema de los permisos retribuidos a que
tienen legalmente derecho los trabajadores (ausencias por examen, familiares,
etc.) y que en este caso su tendencia es a superarlos.
3.- Por
una gestión inadecuada en materia de desarrollo
profesional. Es decir, los empleados tienen una expectativa de
futuro profesional, que al no ver cubierta, genera en ellos un cierto
rechazo a la organización a quien culpan. Esto explicaría
el otro absentismo, el peor, el que se genera en forma de tiempo perdido
en horas de trabajo. Así 8 horas de trabajo equivalen a escasamente
2 ó 3 horas de rendimiento. (E=mc2)
¿Qué hacer entonces para aplicar
con éxito en nuestras empresas?
Ni más
ni menos que, siendo consecuentes con este planteamiento, aplicar nuestros
principios para obtener la mayor cantidad de energía, del mismo
modo que se obtiene energía a partir de la fisión y fusión
nuclear, por poner un ejemplo de la física.
Si hemos
detectado y diagnosticado alguno de nuestros errores (éste es
el primer paso para su solución), sólo nos queda un poco
de método y rigor y proponer las soluciones, que, al menos pasan
por tres aspectos:
A) Un
cambio en las políticas de desarrollo profesional. Cambio
referido a una serie de acciones concretas que permitan a empleados
y empresa encontrarse en el mejor sentido de la palabra. Así,
una carrera profesional definida, no necesariamente estática,
aunque sí determinada y conocida, lo que facilita unas expectativas
ciertas y evita la frustración y el rechazo.
B) Un
modo de abordar con visión más preventiva en materia
de salud laboral y prevención de riesgos. Esto es, mejores condiciones
de trabajo, turnos más saludables y compatibles, espacios físicos
más seguros, mejor formación, y no sólo el estricto
cumplimiento de la normativa.
C) Una
manera de medir el resultado que integre aspectos cualitativos con los
cuantitativos, es decir, el absentismo junto a los resultados,
los días de baja con las ventas o con el número de clientes
visitados, lectores, pacientes atendidos o cursos impartidos con resultados
satisfactorios.
Y qué
mejor manera de integrar esta idea en la práctica que mediante
unas cuantas reflexiones finales.
Probemos
a medir el número de días de baja por maternidad y comparémoslo
con el número de días de baja por gripe, estrés
o dolores musculares por ejemplo, tal vez nos encontremos que la baja
por maternidad se produce como mucho 1 ó 2 veces en la vida,
sólo en algunas personas, por un período de 16 semanas,
según legislación española, mientras que por incapacidad
transitoria o accidente laboral se producen cada año, sin un
tiempo determinado, y lo que es peor, ocurre más veces que la
maternidad y no sabe de género ni edades y por si fuera poco
cuesta dinero a la empresa.
Midamos
también con la fórmula E=mc2, la energía resultante
de la motivación de nuestros empleados al multiplicarla por una
constante. Si dicha constante es económica, poco podremos hacer,
salvo alguna subida salarial anual o algún tipo de comisión
o incentivos. Si dicha constante es de naturaleza social: reconocimiento,
prestigio profesional, formación, tiempo libre o compartido,
tal vez tengamos más margen para actuar, así podremos
establecer incluso una trayectoria orbital en la empresa y digo orbital
porque girando alrededor de nuestros intereses de empresa, no tienen
por qué situarse dentro o a pie de tierra, igual salvamos el
agujero negro.
Por último,
tratemos de medir la diferencia entre lo invertido en formación
a nuestros mejores empleados y el tiempo medio de estancia en nuestra
empresa tras la formación (master, especialización, etc.)
A ver si resulta que estamos haciendo una magnífica política
en materia de formación y una pésima gestión en
fidelización de nuestros profesionales. Es muy poco creíble
contar con los mejores clientes o negocio en manos de los "peores"
profesionales. O al menos, poco sostenible.
Ricardo
Sotillo