EFECTOS DEL CAMBIO
CLIMÁTICO EN LA SALUD
El
ser humano está ocasionando modificaciones sin precedentes
en el medio ambiente global. El desarrollo económico se ha
acompañado del uso de combustibles fósiles que han provocado
el denominado "efecto invernadero", principalmente por la
generación de dióxido de carbono y metano, lo cual tiene
implicaciones en el clima mundial. Desde la década de 1850,
momento en el que se empezaron a registrar las temperaturas, la tierra
se ha recalentado aproximadamente 0.6 oC, circunstancia que se ha
producido principalmente en las 3 últimas décadas. El
Panel Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático
(IPCC) ha estimado un incremento de la temperatura entre 1,8 y 5,8
ºC, y de los niveles marinos entre 9 y 88 cm durante el próximo
siglo. Probablemente, el calentamiento será más evidente
en los polos que en el ecuador. El tiempo de permanencia del dióxido
de carbono en la atmósfera es superior a 100 años; por
ello, nuestros actos afectan a las perspectivas de las futuras generaciones.
El IPCC concluyó: "Hay una gran evidencia de que las modificaciones
regionales en el clima, particularmente los aumentos de la temperatura,
han afectado ya a un conjunto diverso de sistemas físicos y
biológicos en muchas partes del mundo". El deshielo precoz
en ríos y lagos y los movimientos de las plantas y animales
hacia altitudes superiores constituyen algunos ejemplos de ello. Hay
también la posibilidad de que se produzcan cambios a gran escala
y potencialmente irreversibles en los sistemas de la Tierra, como
el enlentecimiento de la circulación de los océanos,
que produce el trasporte de agua cálida al Atlántico
Norte, el deshielo a gran escala de Groenlandia y de los bloques de
hielo del Antártico oeste, lo cual puede provocar un calentamiento
acelerado global debido a las retroalimentaciones positivas del ciclo
del carbón (p. ej., liberación de metano desde la tundra
ártica derretida). La posibilidad de estos episodios posiblemente
es muy baja, aunque es probable que afecten a la velocidad y la duración
del cambio climático.
Estrés
térmico
Con el cambio climático pueden producirse incrementos en la
frecuencia de las olas de calor. Por ejemplo, en Inglaterra, hasta
el año 1976, las olas de calor constituían un acontecimiento
muy raro que se producía una vez cada 310 años, mientras
que en el año 2050 es posible que ocurra cada 5 o 6 años.
El efecto del recalentamiento urbano produce que la temperatura sea
más alta en las ciudades que en las áreas suburbanas
y rurales, principalmente debido a al abundancia de superficies que
retienen el calor, como el hormigón y el asfalto negro. En
1995, la ola de calor de más de una semana de duración
que azotó a Chicago produjo más de 700 muertes relacionadas
con ello. La mayoría del exceso de mortalidad que se produce
durante las olas de calor se debe a enfermedades cardiovasculares,
cerebro vasculares y respiratorias, y se suele concentrar en las personas
mayores y en los individuos con enfermedades preexistentes. Una proporción
importante de estas muertes se produce en personas susceptibles que
probablemente habrían muerto en un futuro próximo, aunque
también hay un número sustancial de muertes potencialmente
prevenibles. Los miles de personas que fallecieron en la reciente
ola de calor que afectó a Europa reflejan los déficit
que hay a la hora de tratar esta amenaza.
En Estados Unidos, las ciudades con climas más fríos
tienden a experimentar más muertes relacionadas con el calor
que las que tienen climas más cálidos, debido a que
las poblaciones pueden aclimatarse más a los diversos grados
de temperatura. La aclimatación se produce a través
de un conjunto amplio de mecanismos fisiológicos, conductuales
y tecnológicos, aunque no queda claro cuánto disminuirán
dichos procesos los efectos adversos del cambio climático.
El hecho de que los aumentos de la mortalidad relacionada con el calor
puedan contrarrestarse por una disminución de las muertes producidas
por el frío, probablemente varíe según la situación
de la región afectada.
Inundaciones
y sequías
Las poblaciones de los países en vías de desarrollo
presentan más probabilidades de ser particularmente vulnerables
a padecer inundaciones debido a que habitan en áreas de riesgo
alto, como las planicies tendentes a las inundaciones y las zonas
costeras, cuentan con infraestructuras de salud pública deficientes
y sufren proporcionalmente un daño económico mayor.
El impacto sobre la salud incluye la aparición de lesiones
físicas y un aumento de los síndromes diarreicos, particularmente
en los países subdesarrollados, en los que puede haber ya un
aumento de la desnutrición. El aumento de la incidencia de
enfermedades respiratorias puede deberse al hacinamiento de la población.
El sobrecrecimiento de hongos puede producir también enfermedades
respiratorias. A menudo se produce un incremento de enfermedades psiquiátricas,
como la ansiedad y la depresión, lo cual probablemente se relacione
con el daño sobre el medio ambiente doméstico y las
pérdidas económicas. Se han comunicado aumentos en la
tasa de suicidios y, en la edad infantil, puede incrementarse el número
de enfermedades conductuales. Incluso los aumentos en los niveles
marinos puede traer consigo un aumento del riesgo para las comunidades
costeras.
La sequía puede tener un impacto sobre la salud en los países
en vías de desarrollo, por sus efectos adversos sobre la producción
alimentaría y sobre la higiene, debido a la utilización
del agua fundamentalmente para la diera más que para la limpieza.
Además, las epidemias de malaria pueden producirse durante
las épocas de sequía como resultado de los cambios geográficos
causados por el vector de la enfermedad.
"El
niño" y la salud
Los episodios producidos por "El Niño", probablemente
han ocurrido desde hace miles de años. El nombre procede de
la observación de un calentamiento de agua lejos de la costa
de Perú y Ecuador, lo cual se produce más notablemente
alrededor de la época de Navidad (el acuñamiento del
término "El Niño" por dicho morito se refiere
al niño Jesús). Con un intervalo irregular que se produce
cada 2 y 7 años, el calentamiento es anómalo y persiste
entre 12 y 18 meses... Puede seguirse de una fase fría, que
se conoce con el nombre de "La Niña". Los episodios
asociados con El Niño se acompañan constantemente de
lluvias torrenciales e inundaciones en la costa oeste de América
Latina, aunque, además, producen efectos climáticos
importantes en otras regiones distantes del mundo; este hecho se produce
porque se alteran las corrientes de convección en el ecuador,
lo cual produce modificaciones en los patrones meteorológicos.
Por ejemplo, durante los años en los que se manifiesta. El
Niño, se producen sequías en el sudeste de Asia, Indonesia
y África del sur, mientras que se pueden producir inundaciones
en el sudoeste de Estados Unidos, Argentina y Kenia.
Hay un número de análisis de series temporales efectuadas
durante más de un episodio que sugieren una serie de impactos
sobre la salud provocados por el ciclo de El Niño. La relación
más constante se produce con las epidemias de malaria en algunas
regiones de Latinoamérica y del sur de Asia. Los efectos pueden
estar mediados por condiciones climáticas atípicas a
corto plazo (p. ej., lluvias torrenciales en regiones áridas
y épocas de sequía en climas más húmedos).
La incidencia de muchas otras enfermedades, como el dengue, las infecciones
por hantavirus, el cólera y la encefalitis del Valle Murria
pueden estar influenciados por El Niño, aunque la calidad de
la evidencia es variable.
Hay una relación entre el fenómeno de El Niño
y la población afectada por catástrofes naturales, particularmente
por las sequías, en una escala global. No se conoce totalmente
cómo afectará el cambio climático al fenómeno
de El Niño, aunque el IPCC ha sugerido que se intensificarán
las sequías e inundaciones asociadas al mismo.
Polución
del aire
El impacto de algunos contaminantes sobre la salud parece ser más
intenso durante los meses estivales o durante las épocas de
temperaturas más altas, aunque este hecho no se produce en
todos los casos. Los valores de ozono tienden a ser más altos
cuando las temperaturas son más elevadas, y algunos estudios
han sugerido que el ozono contribuye al aumento de la mortalidad observada.
El cambio climático es probable que afecte al riesgo de incendios
forestales, que en algunas regiones del mundo (p.ej., Malasia y Brasil)
se han asociado con un aumento del riesgo de visitas ambulatorias
por enfermedades respiratorias. Después de la ola de incendios
que afectó a Florida en 1998, se produjo un aumento de las
visitas a los servicios de urgencias por asma, bronquitis y dolor
torácico.
Alergenos
Los inviernos templados pueden provocar un inicio más temprano
de la polinización, por lo que se pueden incrementar las concentraciones
de los diversos alergenos producidos por este fenómeno. Además,
se ha demostrado que el aumento de los valores de dióxido de
carbono aumenta el momento y la liberación de alergenos biogénicos
(p.ej., partículas de ropa), tanto en estudios de interiores
como in situ. Por ello, el cambio climático puede incrementar
la incidencia de rinitis alérgica, la intensidad y la duración
de los síntomas, o ambos.
Enfermedades
infecciosas
Los cambios en la temperatura, la humedad, la pluviosidad y el aumento
de los niveles marinos pueden afectar sobre la incidencia de aparición
de enfermedades infecciosas. Los mosquitos, las garrapatas y las pulgas
son sensibles a los cambios sutiles de la temperatura y la humedad.
Pero las enfermedades trasmitidas por vectores son igualmente dependientes
de otros muchos factores que interactúan. Aunque en los últimos
años que se ha producido un resurgimiento de algunas enfermedades
infecciosas, no queda claro que el cambio climático haya desempeñado
un papel significativo al respecto. Otros factores, como las migraciones
de las poblaciones humanas y animales, las deficiencias en las infraestructuras
de salud pública, los cambios en la utilización de las
tierras y la emergencia de resistencias a fármacos han contribuido
a ello.
La malaria actualmente se halla presente en 101 países y el
40% de la población mundial vive en áreas con malaria.
La malaria afecta a 1-2 millones de personas anualmente, la mayoría
de los cuales son niños. En África, la distribución
de la enfermedad está limitada fundamentalmente por el clima,
excepto en la zona sur. En muchos lugares del mundo, los sistemas
efectivos de salud pública aseguran que la transmisión
de la malaria permanezca dentro de los límites climáticos
de su distribución.
Hay diferentes planteamientos para modelar el riesgo de presentar
malaria con el cambio climático, incluidos los modelos biológicos
construidos a partir de dinámicas de transmisión de
la enfermedad conocidas y de enfoques estadísticos empíricos
basados en la epidemiología actual de la malaria. Uno de los
estudios que ha utilizado un modelo biológico ha sugerido,
al basarse en escenarios climáticos específicos, que
en el año 2080 se producirá un incremento de 260 a 320
millones personas expuestas, al vivir en zonas de transmisión
potencial de la enfermedad, en relación con una población
mundial esperada de 8.000 millones de personas. Este hecho representa
un incremento del 2 al 4% del número de personas con riesgo
de presentar malaria.
El uso de un planteamiento estadístico empírico sugería
que no se produciría un cambio significativo neto en la proporción
de la población mundial que vivirá en el 2080 en las
regiones actuales de transmisión de la enfermedad. Pero este
enfoque puede no haber capturado los efectos potenciales del cambio
climático en la estacionalidad de la malaria en las áreas
en que se produce la transmisión.
Al utilizar los últimos escenarios referentes al cambio climático,
los modelos experimentales recientes sugieren un aumento potencial
del 5 al 7% en la distribución de la malaria en África
en el año 2100, principalmente debido a su mayor expansión
en función de la altitud que de la latitud. El aumento global
en el riesgo de exposición a la enfermedad en personas-meses
fue del 16 al 28%, principalmente debido a un incremento de la duración
de la estación en la que se produce la transmisión.
Este estudio más reciente utilizó datos que fueron validados
espacial y temporalmente contra las mediciones de los parásitos
y representa los hallazgos que se siguieron a un análisis extenso.
El cambio climático puede contribuir al resurgimiento de la
malaria en áreas donde las infraestructuras de salud pública
se han convertido en defectuosas (p. ej., en Asia Central y en zonas
del sur de la antigua Unión Soviética). En las regiones
en que la malaria se ha eliminado localmente, aunque persiste el vector,
hay un riesgo teórico, (reducido), de que aparezcan brotes
epidémicos localizados, que podrían incrementarse debido
al cambio climático.
Éste es un tema que conlleva una gran controversia y nuestro
conocimiento continuará mejorando según se realicen
nuevas investigaciones.
Dengue
y otros arbovirus
La tasa de replicación del virus del dengue en el mosquito
Aedes aegypti se incrementa directamente en el laboratorio con el
aumento de la temperatura. Se han desarrollado modelos basados en
la biología que exploran la influencia de las previsiones de
las modificaciones en la temperatura en la aparición de la
fiebre del dengue. Cuando éstas se enlazan con las proyecciones
realizadas con el cambio climático futuro, tales modelos sugieren
que los incrementos de la temperatura relativamente pequeños
en las regiones templadas, debido a la introducción del virus
en una población humana susceptible, podrían aumentar
el riesgo potencial de epidemias.
La epidemiología de ciertos arbovirus que producen encefalitis
(trasmitidos por mosquitos) como el virus que produce la encefalitis
de San Luis y el virus del oeste del Nilo, puede estar influenciada
por factores climáticos. Ambas se han asociado en condiciones
de sequía y cuando el virus del Nilo se manifestó en
el verano de 1999 en Estados Unidos, las temperaturas del mes de julio
en Nueva York alcanzaron sus registros más altos. Asimismo,
se han producido brotes epidémicos tras periodos de sequía
en el medio-oeste de Estados Unidos y en el este de Europa.
Leishmaniasis
La leishmaniasis se ha erigido como una coinfección importante
en pacientes infectados por el virus de la inmunodeficiencia humana
en el sur de Europa y en algunas regiones de Asia. Puede haber diferencias
entre los vectores en la susceptibilidad al cambio climático.
Por ejemplo, un estudio realizado en Italia sugirió que el
cambio climático pudo haber expandido el rango de un vector
aunque pudo haber disminuido el de otro. Los cambios climáticos
pudieron aumentar la distribución geográfica de los
vectores en regiones de Latinoamérica y del sudoeste de Asia.
Enfermedades
transmitidas por garrapatas
Tradicionalmente, ha habido un considerable interés por estudiar
el impacto potencial del cambio climático en un número
de enfermedades transmitidas por garrapatas, particularmente la enfermedad
de Lyme, la fiebre de las Montañas Rocosas y las encefalitis
transmitidas por garrapatas. La temperatura y la humedad son determinantes
importantes de la distribución de las garrapatas. En Suecia,
la extensión hacia el norte del límite del vector local
y el incremento de los casos se ha atribuido a la aparición
de inviernos más cálidos. Un modelo estadístico
de la encefalitis transmitida por garrapatas en Europa ha sugerido
que aunque el foco de la enfermedad se puede haber extendido a latitudes
y altitudes superiores, ésta podría desaparecer prácticamente
de Europa central debido a que el cambio climático podría
romper el ciclo de vida tan complejo de la garrapata. Sin embargo,
los cambios en la utilización de las tierras, además
del resurgir de la población de ciervos en el este de Estados
Unidos, pueden ser responsables del aumento de riesgo de sufrir la
enfermedad de Lyme.
Enfermedades
transmitidas por roedores
La emergencia del síndrome pulmonar por hantavirus en el sudoeste
de Estados Unidos en 1993 puede estar relacionada con la sequía
que siguió a las lluvias intensas relacionadas con el fenómeno
de El Niño, el cual produjo un aumento de las poblaciones de
roedores y la subsiguiente transmisión de enfermedades. Las
inundaciones y huracanes extremos pueden producir la generación
de brotes epidémicos de leptospirosis. En 1995, tras las importantes
inundaciones que sufrió Nicaragua, se produjo una epidemia
de leptospirosis. En un estudio de casos y controles, el hecho de
caminar a través de aguas pantanosas se asoció con un
riesgo 15 veces mayor de padecer la enfermedad.
Enfermedades
relacionadas con el agua
Más de 1.000 millones de personas de todo el mundo no tienen
acceso al agua potable. Los modelos del impacto del cambio climático
sobre el agua reflejan una variabilidad considerable entre los diversos
escenarios climáticos. El aumento del deterioro del agua se
produce con más probabilidad en el sur y el oeste de África
y en Oriente Medio. Sin embargo, es difícil relacionar este
hecho directamente con el riesgo atribuible de enfermedades relacionadas
con el agua, aunque la escasez de ésta puede provocar la utilización
de fuentes más contaminadas debido a su uso combinado (esto
es, la misma fuente para el agua destinado a la bebida, a la limpieza
y al regadío). Si el aumento de las inundaciones en algunas
regiones del mundo en los meses de invierno se acompaña de
épocas de sequía más largas durante los meses
de verano, se puede producir una duplicación del riesgo de
enfermedades relacionadas con el agua. En Estados Unidos, así
como en otros lugares, se ha relacionado la aparición de brotes
epidérmicos de criptosporidiosis con episodios de pluviosidad
intensa.
Las temperaturas cálidas de la superficie del mar promueven
el desarrollo de algas que pueden asociarse con epidemias de cólera.
La incidencia del cólera en Bangla Desh en los primero años
de la mitad del siglo pasado (1893-1940) no se correlacionó
con el fenómeno de El Niño, aunque en los últimos
años del siglo xx (1980-2001) la relación fue evidente,
consistente con las épocas en que se produjeron más
acontecimientos relacionados con ello.
Desnutrición
De acuerdo con la Organización de Alimentación y Agricultura
(FAO) de las Naciones Unidas, aproximadamente 790 millones de personas
de los países en vías de desarrollo presentan desnutrición.
Los estudios sobre los efectos del cambio climático en la producción
de alimentos sugieren que las cosechas de cereales probablemente están
aumentando en las regiones de latitudes medias o altas, aunque disminuyen
en los de latitudes más bajas. En particular, hay una preocupación
acerca de que el cambio climático pueda afectar adversamente
a la nutrición en África, sobre todo debido al aumento
de la sequía.
Mitigar
el cambio climático
La mitigación se refiere al diseño de políticas
destinadas a reducir las emisiones de los gases que producen el efecto
invernadero (p. ej., al promover energías eficientes y el uso
de fuentes de energía renovables, como la energía solar
y eólica). Este hecho podría aplicarse especialmente
a Estados Unidos, país que produce más del 25% global
de las emisiones que ocasionan el efecto invernadero. Aunque las discusiones
acerca de las políticas destinadas a mitigar este efecto se
escapan de la intención de este artículo, el personal
médico debería reconocer que las reducciones en las
emisiones de dichos gases probablemente proporcionarán también
beneficios a corto plazo en la polución del aire. La magnitud
de los beneficios dependerá de la fuente de energía
que se sustituya (p. ej., el carbón como combustible por gas
natural).
Conclusiones
Los médicos debemos ser conscientes de que la variabilidad
climática actual puede afectar a la salud. Asimismo, deberíamos
reconocer que el cambio climático a largo plazo puede exacerbar
los problemas de salud sensibles al clima. Los sistemas de calentamiento
rápido por medio de ondas de calor pueden reducir los impactos
y asegurar que se monitorice a las personas ancianas -particularmente
las que se hallan socialmente aisladas-, se les ofrezca acceso al
aire acondicionado y se les proporcione consejo sobre las medidas
de hidratación adecuada e higiene apropiadas. El cambio climático
puede afectar a la distribución de un número de enfermedades
infecciosas y a las infecciones emergentes, que deberían considerarse
en el diagnóstico de pacientes con síntomas no explicados.
Los médicos podemos también preparar e informar a las
comunidades sobre los impactos potenciales del cambio climático,
la necesidad de mejorar las infraestructuras actuales de salud pública
y participar en políticas para disminuir la dependencia de
los combustibles fósiles.
El cambio climático presenta un abanico de desafíos
a la salud humana, aunque muchas de las relaciones son complejas de
demostrar, ya que un conjunto amplio de otros factores sociales, conductuales
y medioambientales puede afectar también a los resultados sanitarios
en cuestión. Debido a los impactos potenciales tan amplios
del calentamiento global, se debería realizar un planteamiento
preventivo para procurar disminuir sustancialmente las emisiones de
gas que ocasionan el efecto invernadero, incluida la introducción
de energías eficientes y de tecnologías energéticas
renovables.
Manuel
Sotillo Hidalgo