ASAMBLEA
EN LA CARPINTERÍA
Hoy todos debemos ser orfebre de talentos emocionales y auto restauradores
de fortalezas personales.
Juan Carlos Caramés Paz
Cuentan
que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea.
Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias.
El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó
que tenía que renunciar.
¿La
causa?.
¡Hacía demasiado ruido!. Y, además, se pasaba
todo el tiempo golpeando.
El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también
fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas
vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó
también, pero a su vez pidió la expulsión de
la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre
tenía fricciones con los demás. Y la lija estuvo de
acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre
se la pasaba midiendo a los demás según su medida, como
si fuera el único perfecto.
En eso
entró el carpintero, se puso el delantal e inició su
trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo.
Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un lindo
tablero de ajedrez.
Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea
reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó
la palabra el serrucho, y dijo: "Señores, ha quedado demostrado
que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades.
Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en
nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros
puntos buenos".
La asamblea
encontró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía
y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas
y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron, entonces,
un equipo capaz de producir y hacer cosas de calidad. Se sintieron
orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.
Tomado
de Internet.
No conozco la Fuente Original, para no decir anónimo.
Ocurre
lo mismo con los seres humanos. Observen y lo comprobarán.
Cuando en una empresa el personal busca a menudo defectos en los demás,
la situación se vuelve tensa y negativa. Por el contrario,
si tratamos de percibir con sinceridad los puntos fuertes de los demás,
florecen los mejores logros humanos.
Este
cuento tiene toda la fantasía de una película taquillera,
pero es el guión que todo gerente debe esculpir en su organización.
La carpintería demuestra que una organización está
llena de personas diferentemente iguales, pero es función de
cada gerente tratar de ayudar a cada quién a ser más
y más de lo que ya es. Los grandes gerentes miran hacia adentro
de la compañía, dentro de cada persona, hacia el interior
de las diferencias de estilo, metas, necesidades y motivaciones de
cada quien. Las diferencias sutiles son las que los orientan hacia
la mejor manera de sacar a flote los talentos únicos de cada
quién para convertirlos en desempeño.
Por, Juan Carlos Caramés Paz
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