El
Directivo y las competencias superpuestas.
El
mes pasado llamé a mi amigo Félix.
-Estoy buscando un Director de Desarrollo, le dije.
-Buena suerte. Ahora te llamo y te recomiendo a alguien. Estoy ocupado
ahora mismo.
Félix me llamó a la media hora. Me dio algunos nombres.
-El caso, Félix, es que estaba pensando en ti, -le dije- eres
el mejor analista que conozco. Intenté oir al otro lado de
la línea ese silencio que se abre en estos casos.
- Ni pensarlo. -Me dijo inmediatamente. El silencio que se oyó
entonces fue el mío.
- ¿Por qué? -pregunté-
- Mira, yo tengo un oficio. Soy muy bueno, porque me gusta lo que
hago. Si acepto esa oferta, dentro de un tiempo no sabré dónde
estoy de pie y, a la postre, no sabré a dónde ir.
Me
dio las gracias y me recomendó que continuara el procedimiento
selectivo en otro sitio.
Pensé en Félix porque siempre tuvo las ideas claras.
Félix corría el riesgo de llevar razón y, por
ello me alarmé.
Muchos
compañeros míos me lo confiesan: "Nunca dejaré
de ser un técnico", "Realmente, lo que yo soy es
un buen médico". Sin embargo, entregados a tares directivas
o de coordinación, les cuesta aceptar que el médico
que fueron vive en algún lugar de la memoria de hace no menos
de quince años. Cualquiera de ellos tendría serias dificultades
para reanudar su actividad profesional.
De
hecho, si todo directivo tiene un saber que podemos llamar "de
referencia", que es lo que estudiaron, lo que constituyó
su formación originaria, tiene que enfrentarse a la erosión
de la pericia. No tengo tiempo de profundizar, me comentaba un colega.
-Siempre habrá algo que no sepas, le dije para que tuviera
un buen día.
De cualquier modo un directivo, coordinador de recursos, busca entre
sus proveedores el conocimiento del que carece. Lo doloroso es cuando
han de demandar un conocimiento de su área de referencia, de
aquello que pudieron haber sabido, si no hubiesen abandonado la línea
técnica. Llegué aquí porque era un buen jurista,
-se dice uno entonces- ahora ya no lo soy, porque no lo practico,
porque trabajo en otra cosa.
La adopción del rol directivo produce víctimas inmediatas
y víctimas a medio plazo. Las inmediatas son conocidas: la
siesta, sobre todo, el aburrimiento y otros placeres asentados en
el tiempo libre. Las mediatas no son menos graves: la pérdida
de la profesión u oficio que te distinguió, el arraigo
ciudadano, un modelo de convivencia familiar.
Te quejas por vicio, -me comentaba, Félix. -Eso mismo les ocurre
a mis programadores en los momentos punta de trabajo, -y llevaba razón.
Sin embargo son más programadores mientras más trabajan,
y mis compañeros van dejando de ser médicos, abogados
mientras son directivos. -Allá ellos, han cambiado de oficio
¿no?. Haber dicho que no como te dije yo.
La cuestión es que el directivo necesita su conocimiento de
referencia. No tendría por qué ser así. Igual
que siempre habrá algo que no sepas, siempre encontrarás
a alguien que te lo aporte. ¿Por qué entonces, el directivo
necesita ser, al mismo tiempo, ingeniero, abogado, periodista o médico?
El conocimiento de referencia es necesario, por lo menos, en los siguientes
puntos:
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Como legitimación para el ejercicio del liderazgo. Es un buen
médico, luego tomará decisiones adecuadas. En determinados
casos, el directivo es un "primus inter pares", un distinguido
entre iguales. La pérdida de la condición corporativa,
el prestigio de la profesión, lo dejaría desnudo de
capacidad.
.
Como empleabilidad futura. Algún día eso se te torcerá,
-me comentaba Félix- y si no estudias, por lo menos cultiva
a los amigos. -Lo importante es tener un oficio, -otra vez Félix-,
lo demás son zarandajas. Quítate el traje de superman,
suelta el maletín de piel, que queremos ver qué hay
debajo.
.
Para ejercitar una garantía de calidad. El directivo de corte
técnico responde de la calidad de sus decisiones. Actúa
como un revisor de las aportaciones técnicas externas. Obtiene
el conocimiento de sus proveedores y lo somete a su tamiz crítico.
Para ello cuenta con su acerbo técnico que, si bien no está
a la última, sí es suficiente para saber distinguir
la calidad de la aportación. -En una palabra, -Félix
de nuevo-, aplica el sentido común. Para eso no hace falta
estudiar.
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Como funciones complementarias. Algunos directivos complementan sus
funciones con asesoría técnica o trabajo puramente operativo.
El conocimiento, en estos casos, es una exigencia profesional primaria.
Como dice Félix, será que no son directivos. Seguro
que, además, son buenos mecanógrafos.
.
Como medio de desarrollo profesional. Si algo tienen en común
las llamadas competencias directivas es que son difíciles de
entrenar directamente. El liderazgo, la capacidad de análisis,
la visión estratégica, como la cultura son, en términos
formativos, productos mediatos. Se obtienen de forma paralela al entrenamiento
de otras competencias más comunes. El estudiante de filosofía,
o de matemáticas obtiene, de forma mediata y si todo va bien,
una buena capacidad de análisis. La visión estratégica
se aprende manejando gran cantidad de elementos heterogéneos
en un ejercicio de integración, y eso se puede practicar en
la Facultad de Historia, -y la negociación en el mercado de
mi barrio, -como dice mi amigo.
Sea como sea el directivo, que obtuvo dichas competencias desde su
formación originaria, debe continuar apoyándose en ésta
para su desarrollo futuro.
Las
acciones formativas actuales han conseguido, no obstante, identificar
las competencias directivas clave. Sin embargo, al formular los programas,
y una vez enunciados los principios, rápidamente se alude a
la "lex artis", al simple "saber hacer", que se
conoce porque se conoce. Mi amigo Félix me lo dice con crudeza:
-Con todas tus estrategias de negociación, al frutero de mi
barrio no le durarías diez minutos. Te lo digo yo, que lo practico
a diario. -Y aunque desde las escuelas de negocios se realizan progresos
en el entrenamiento de estas compentencias, lo cierto es que, para
la mayoría de directivos, su adquisición fue consecuencia
de un desarrollo logrado desde su formación originaria y, lo
más lógico, es continuar trabajando desde la misma.
De este modo, si efectivamente se debe continuar siendo médico,
o jurista, o economista, o filólogo, o periodista ¿Cómo
puede uno, pues, cuidar las competencias originarias de conocimiento,
origen y cuna de las otras?
Mi amigo Félix corta por lo sano. -De ninguna manera. Eso es
imposible o, en todo caso, incompatible con el sueño o descanso
diario. Debes identificar una nueva competencia directiva: "Capacidad
de desdoblamiento" o si quieres luego lo discutimos, "capacidad
de simulación". Se define como "habilidad de asimilar,
hacer propio, y exponer de forma convincente el conocimiento conseguido
desde fuera". Tiene la ventaja de que no hay que estudiar y que,
si se tiene desarrollada, un día pareces abogado y al siguiente
arquitecto. Los informáticos trabajamos mucho esta competencia.
Los novelistas también.
La necesidad de mantenerse al día con poco tiempo de dedicación
da lugar a una oferta formativa específica, con dos objetivos
específicos: exponer, en poco tiempo, más información
de la que se puede asimilar, y convidarte a buenos desayunos. Aparte
de esto, el directivo puede prestar una mirada más atenta a
las cuestiones relacionadas con su formación de referencia
en las que tiene oportunidad de intervenir, puede cuidar las amistades
con los técnicos proveedores de conocimiento y, en un ejercicio
de responsabilidad, intentar estudiar por las noches. La buena formación
llama a la formación y, desde este punto de vista, el buen
técnico "ve crecer la yerba", aprende rápido
y, desde su inclinación perceptiva, asimila casi sin querer
lo que ve en el ambiente.
En definitiva, y si debemos concluir, es preciso que el mantenimiento
de la formación de referencia del directivo se encuentre entre
sus prioridades. Por otro lado, a las personas que, como mi amigo
Félix, tienen las ideas tan claras, no se les debe realizar
determinadas ofertas de trabajo.
Enrique
Bravo Escudero