Inteligencia Emocional aplicada a la formación y desarrollo profesional.

Quiero ser normal
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Creada el 21 de abril de 1998. Actualizada el 5-may-04

Inteligencia Emocional aplicada a la formación y desarrollo profesional.

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Quiero ser normal

Muchas personas temen mostrar libremente sus mejores habilidades, ideas y sugerencias en el trabajo, porque saben por propia experiencia que al final siempre hay alguien que termina molestándose y se desata la envidia y el conflicto contra nosotros. Para protegernos de este fenómeno omnipresente en las organizaciones de nuestro entorno cultural, hemos aprendido a "hacernos los tontos", o lo que es lo mismo, a poner la cota de nuestras competencias profesionales en el punto más bajo posible de la escala de nuestro potencial.

También hemos aprendido a negar sistemáticamente nuestras imperfecciones, procurando que no nos pillen en ningún fallo que se nos pueda achacar directamente. De esta manera, no sobresalimos en nada (ni en lo bueno ni en lo malo) y, por tanto, dejamos de ser un peligro para otros. Cumplimos así el viejo sueño del perfecto empleado gris, de ser uno más, pasar desapercibido, cobrar la nómina a final de mes, y no meternos en líos. En definitiva: ser "normales".

Pero los resultados de este tipo de relaciones son siempre desastrosos para la organización y para la sociedad, porque al tratar de demostrar a los demás (y al final a nosotros mismos también) que "no tenemos defectos" y que todo lo que hacemos es normal, negamos lo mejor que hay dentro de nosotros. Matamos nuestra singularidad como seres humanos, únicos e irrepetibles.

Las empresas tradicionales buscan la conformidad de sus miembros con las normas imperantes de funcionamiento, pero desde hace algún tiempo, las organizaciones más avanzadas comienzan a pedirnos también que seamos excelentes en nuestro trabajo. A veces se quejan, no sin cierta razón, de que no aportamos suficientes ideas y formas de hacer las cosas, según se nos pide y espera de nosotros. Pero hay que decir, que tales pretensiones carecen de justificación si previamente no modificamos el escenario y la cultura organizativa donde nos desenvolvemos.

En lugar de aspirar a vivir en ambientes laborales mediocres y conformistas como hacemos habitualmente, deberíamos repensar las cosas de otra forma, porque para conseguir altos rendimientos en el trabajo es imprescindible aceptar nuestros defectos y limitaciones con naturalidad. Tratar de ocultarlos, además de no servir para nada, puesto que los compañeros nos perciben con facilidad, exige de nosotros un enorme esfuerzos en negar una parte de nuestra vida, tan valiosa como los aspectos positivos. Hemos de aceptar que en nuestras imperfecciones actuales podemos encontrar una razón para superarnos y crecer como personas. Sin embargo, donde resulta importantísimo concentrar nuestros esfuerzos es en el cultivo de nuestras cualidades individuales, perfeccionando incesantemente nuestras aptitudes, actitudes y personalidad, que son precisamente nuestra mayor riqueza, y en las que podemos aportar cosas únicas, creativas y originales a la organización.

En este punto del discurso, muchos argumentarán que esto es muy bonito pero irrealizable en el mundo actual, porque en el caso de que pudiera aplicarse, crearía innumerables problemas al ir cada individuo a su aire, volviéndose la empresa ingobernable. Los que así piensan, se aferran a la tradición, y repiten una y otra vez el mismo estribillo. Se niegan a experimentar nuevos procesos, y solo conciben una única manera de hacer las cosas (como siempre se han hecho, adaptándose a la moda del mercado, confiando en la autoridad tradicional, etc.). Sin embargo, afirman que les gustaría que las cosas funcionaran de otro modo mas positivo, pero desgraciadamente es imposible. Con un pié aceleran el motor, pero con el otro frenan los intentos de cambio planificado, bloqueándose ellos mismos e impidiendo que sus colaboradores avancen.

Si es cierto que de los errores aprendemos mas que de los éxitos, deberíamos trabajar mucho más sobre las disfunciones que se nos presentan a diario en el trabajo, para perfeccionarlas incesantemente. Pero en lugar de ello, las respuestas que damos cuando se nos pregunta por nuestros principales problemas, son la negación y la autodefensa. "Aquí no hay ningún problema" se dice. "Nosotros somos normales". Mas adelante, cuando esta primera reacción da paso a la confianza, las defensas suelen diluirse y los problemas que hay que mejorar, empiezan a salir a la superficie.

Cuando se pregunta a un profesional por sus principales limitaciones técnicas y humanas, con frecuencia termina hablándonos del tiempo atmosférico y "tirando balones fuera", pero si en lugar de ello le preguntamos: "¿Que es lo que te pone de mala leche en el trabajo?", la conversación se llena de anécdotas divertidas. Otras veces hablar sobre los mejores y los peores momentos vividos a lo largo de la trayectoria laboral es interesante por la gran riqueza de ideas que surgen, y la permanente dificultad de llevarlas a la práctica por un sinfín de causas externas.

La cordialidad, la empatía, la cortesía y el respeto social son importantes. Pero en un mundo sobrecargado de tópicos, la esencia de las relaciones humanas termina perdiéndose si sólo atendemos al protocolo y las posturas externas. A veces, la mejor comunicación surge de manera fresca y natural cuando expresamos afecto negativo sobre las cosas que no andan bien, y las compartimos con otros sin que ello se entienda como una conspiración contra el sistema. Cuando descargamos de forma natural la rabia, la ira y la indignación que sentimos de manera legítima, nuestra disponibilidad para acometer acciones constructivas aumenta significativamente.

Un colectivo cada vez mayor de profesionales agradecen esta manera de abordar la vida laboral. El presentar las cosas siempre bonitas y adornadas, lleva a mentir sistemáticamente y a tergiversar la realidad, reduciendo la credibilidad del mensaje que se lanza. Por el contrario, un posicionamiento más realista y crítico que sopese ventajas e inconvenientes, siempre se agradece más, porque clarifica las cosas y porque a largo plazo genera confianza.

Urge, por tanto, reestructurar las empresas, para que las personas que las hacen existir puedan darse libre y constructivamente a los proyectos en los que trabajan. Si lo mejor de una organización es su capital humano ¿por qué hacemos las cosas al revés, poniendo a las personas en ultimo lugar?, ¿Por qué no mejoramos la comunicación interpersonal, si somos seres sociales por naturaleza?, ¿Por qué no nos damos cuenta de que si hoy sembramos sometimiento y obediencia, mañana cosecharemos mediocridad y malestar? Por eso, muchas veces me pregunto ¿qué pasaría si en lugar de ser normales, fuéramos únicos y naturales?


Autor: Carlos Samaniego Villasante
vbcarlos@recol.es / www.rr-hh.com


 

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