INTRODUCCIÓN
Desde
la aparición en 1995 del conocido best-seller "Inteligencia
Emocional" de Daniel Goleman, dicho concepto ha gozado del favor
general de diversos medios de difusión escrita, la mayoría
de ellos no científicos. Este libro consigue con un estilo
divulgativo y ameno llegar a un gran número de lectores, que
pronto empiezan a interesarse por conocer más de este concepto
y, especialmente, en encontrar una herramienta o instrumento de evaluación
de la inteligencia emocional. Con lo que aparecen más libros
que tratan de responder a esta demanda, y que incluso ofrecen herramientas
de "dudosa" validez y fiabilidad.
Pensamos que es de agradecer este interés general por conceptos
de corte psicológico como el de la Inteligencia Emocional (IE,
a partir de ahora) pues de alguna manera también se han estimulado,
ya en el entorno científico, el estudio de la inteligencia,
de la emoción, de las competencias sociopersonales, de la creatividad
y, como no, el de la IE. La idea fundamental del libro es que parece
ser que la IE es el factor clave para una adaptación exitosa
en las diferentes contingencias de la vida, y que la IE es en definitiva
un conjunto de metahabilidades que pueden ser aprendidas. Así
que con este énfasis en una mejor adaptación personal,
social e incluso laboral el interés en la IE es evidente con
la consiguiente proliferación de documentos sobre la IE y de
escalas de evaluación de la IE. Este "abuso" tiene
como consecuencia, a nuestro parecer, una mala utilización
del concepto original propuesto por Salovey y Mayer (1990) y una proliferación
de instrumentos de evaluación de la IE sin ninguna garantía
científica. Para hacernos idea de a lo que nos estamos refiriendo
basta con mirar el gran número de documentos sobre la IE que
podemos encontrar en internet.
Este trabajo tiene los siguientes objetivos:
-
Tratar de "recuperar" para el entorno científico
el concepto de la IE como constructo teórico ya que aún
no ha sido satisfactoriamente validado.
- Someter a uno de estos instrumentos de evaluación de la IE,
promovidos en estos textos divulgativos, a una simple prueba de validez
concurrente.
- Proponer una alternativa para la validación empírica
de este constructo teórico.
LA INTELIGENCIA EMOCIONAL COMO CONSTRUCTO TEÓRICO
Medir
un constructo teórico como la IE es tanto un arte como una
ciencia, la IE es una metahabilidad que yace latente en el sujeto,
por tanto no es algo directamente observable a menos que la respuesta
se produzca, o no, llegado una determinada situación. Consideramos
que los temas de validez de constructo son muy importantes en Psicología,
pero son, en ocasiones, olvidados en las secciones de metodología
de los trabajos presentados, incluidos también numerosos medios
divulgativos de investigación.
La Inteligencia, en general, es un constructo psicológico que
aún no ha terminado de asentarse con las nuevas propuestas
realizadas. Creemos necesario realizar una breve, y resumida, revisión
sobre la evolución del concepto de inteligencia, a lo largo
del presente siglo que ya termina. Veremos cómo el concepto
de la inteligencia evoluciona desde un punto de vista psicométrico
a un enfoque más humanista, con la valoración integrada
de inteligencia con la emoción.
Principales antecedentes y definición
Principios
del s. XX
Galton
fue uno de los primeros investigadores que se interesó por
el estudio sistemático de las diferencias individuales en la
capacidad mental. Convencido de sus características innatas,
le interesaban aquellos factores que hacen que las personas sean diferentes,
guiado por la idea, vigente aún, de la evolución y en
especial de la variación.
Siguiendo a Hardy (1992): antes de los trabajos de Galton, en 1890
Catell inventa pruebas mentales con el objetivo de convertir la Psicología
en una ciencia aplicada. En 1905 Binet desarrolla un instrumento de
evaluación de la inteligencia para niños bajo el encargo
del ministerio francés de la instrucción pública.
En 1916 en la nueva versión del Stanford-Binet aparece por
primera vez el concepto de cociente intelectual (CI) -actualmente
los teóricos de la IE buscan un cociente emocional (CE)-. Estos
trabajos dieron lugar a una larga polémica entre los defensores
de una inteligencia general o factor G (Terman o Spearman) y los defensores
de una teoría correlacional de la inteligencia más pluralista
(Thurstone o Guilford) en el que ésta puede concebirse como
un gran número de "vínculos" estructurales
independientes como los reflejos, los hábitos, la experiencia,
etc. Siguiendo a Sternberg y Powell (1989) la ejecución de
una tarea activaría muchos de estos vínculos.
De los años 20 a los 50
El
concepto de inteligencia emocional, aunque esté de actualidad,
tiene a nuestro parecer un claro precursor en el concepto de Inteligencia
Social de Thorndike (1920, p. 228) quien la definió como "la
habilidad para comprender y dirigir a los hombres y mujeres, muchachos
y muchachas, y actuar sabiamente en las relaciones humanas".
Para Thorndike además de la inteligencia social existen también
otros dos tipos de inteligencias: la abstracta -habilidad para manejar
ideas- y la mecánica- habilidad para entender y manejar objetos-
.
En
los años 30 con el auge del conductismo entramos en una larga
etapa de "silenciamiento" de los procesos no directamente
observables como la inteligencia. No obstante, aparecen algunos trabajos
en esta época como los de Wechsler con el diseño de
las dos baterías de pruebas de inteligencia: para adultos (1939)
-WAIS- y el de niños (1949) -WISC-. Ambas siguen siendo utilizadas
hoy en día.
De los 50 a la actualidad
El debilitamiento de las posturas conductistas y la emergencia de
los procesos cognitivos aparecen con el estructuralismo. Los trabajos
de Piaget y su teoría sobre el desarrollo intelectual contrasta
visiblemente de las posturas psicometricistas y del procesamiento
de la información (Hardy, 1992).
Desde el procesamiento de la información se desarrollan dos
enfoques: por un lado, el de los correlatos cognitivos en el que el
estudio de la inteligencia se ha llevado a cabo seleccionando una
capacidad que pueda medirse en un test; por otro lado, el de los componentes
cognitivos en el que su interés estriba más bien en
conocer qué es lo que mide un test de inteligencia.
Aparece el modelo computacional y el interés por el estudio
de la inteligencia artificial. Con ello llega, a nuestro juicio, uno
de los errores más graves de las teorías cognitivas.
Cuando se estudian los procesos cognitivos sobre inteligencia artificial
lo que estudiamos es la inteligencia computacional y no la humana.
Siguiendo a Marina (1993), si bien es cierto que las ciencias cognitivas
han realizado aportaciones valiosas muy aprovechables, la labor pendiente
es la elaboración de una ciencia de la inteligencia humana,
donde no se trate sólo de lógica formal, sino también
de lógica inventiva, no sólo de razón sino también
de emoción y de sentimientos.
La idea que subyace a la inteligencia actualmente es la capacidad
de adaptación (Sternberg, 1997). Es como si la idea de la globalización
hubiese llegado a este campo de estudio de la Psicología, donde
la inteligencia está muy vinculada con la emoción, la
memoria, la creatividad, el optimismo, la personalidad y en cierto
sentido con la salud mental.
Cómo llegamos al concepto de IE
En 1983, Gardner publica "Frames of Mind", donde reformula
el concepto de inteligencia a través de la teoría de
Inteligencias Múltiples. De esta manera, Gardner sostiene que
poseemos 7 tipos de inteligencia distintas, cada una de ellas relativamente
independiente de las otras -Inteligencia musical, I. quinestésica-corporal;
I. lógico-matemática; I. Lingüística; I.
Intrapersonal e I. Interpersonal- (Gardner, 1983; Walters y Gardner,
1986; Krechevsky y Gardner, 1990). Esta teoría, introdujo dos
tipos de inteligencias muy relacionadas con la competencia social,
y hasta cierto punto emocional, la Inteligencia Interpersonal y la
Inteligencia Intrapersonal. Gardner (1983,1993) definió a ambas
como sigue:
"La Inteligencia Interpersonal se construye a partir de una capacidad
nuclear para sentir distinciones entre los demás: en particular,
contrastes en sus estados de ánimo, temperamentos, motivaciones
e intenciones. En formas más avanzadas, esta inteligencia permite
a un adulto hábil leer las intenciones y deseos de los demás,
aunque se hayan ocultado... " (Gardner, 1993: 40)
Y a la Inteligencia Intrapersonal como "el conocimiento de los
aspectos internos de una persona: el acceso a la propia vida emocional,
a la propia gama de sentimientos, la capacidad de efectuar discriminaciones
entre las emociones y finalmente ponerlas un nombre y recurrir a ellas
como un medio de interpretar y orientar la propia conducta..."
(Gardner 1993: 42) Quizás esta última, tiene algo más
de relación tiene con nuestro constructo teórico de
interés, la inteligencia emocional.
En la actualidad, Goleman (1996, p. 74), interpreta y resume estas
dos capacidades, propuestas por Gardner, como "la capacidad de
discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo,
temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas"
en referencia a la inteligencia interpersonal, y en cuanto a la inteligencia
intrapersonal como "la capacidad de establecer contacto con los
propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento
para orientar nuestra conducta".
El concepto de inteligencia emocional nace con la necesidad de responder
a una cuestión que puede parecer simple: ¿Por qué
hay personas que se adaptan mejor que otras a las diferentes contingencias
de la vida?
En 1966, Leuner desarrolla un trabajo en el que vincula el papel de
la familia y el desarrollo de la IE en la etapa preverbal del niño,
aunque el concepto de IE no queda suficientemente desarrollado.
El concepto de IE fue más desarrollado Peter Salovey, quien
la definió como "un tipo de inteligencia social que incluye
la habilidad de supervisar y entender las emociones propias y las
de los demás, discriminar entre ellas, y usar la información
para guiar el pensamiento y las acciones de uno" (Mayer y Salovey,
1993: 433). Según Salovey y Mayer (1990), este concepto de
IE subsume a los conceptos de inteligencia intrapersonal e interpersonal
que propone Gardner (1983), dándole además un enfoque
menos cognitivo, pero añadiéndole el componente emocional
que Gardner obvia, probablemente por estar inmerso del "Zeitgeist"
de la época, a principios de los ochenta cuando Gardner define
estas inteligencias por primera vez, donde la Psicología Cognitiva
predominaba como paradigma. Este concepto propuesto por Salovey y
Mayer incluye además el hecho de que son metahabilidades que
pueden ser categorizadas en cinco competencias o dimensiones (Salovey
y Mayer, 1990; Mayer y Salovey, 1993, Mayer y Salovey, 1995, Goleman,
1996 y Goleman 1998):
1.- El conocimiento de las propias emociones. Es decir, el
conocimiento de uno mismo, la capacidad de reconocer un mismo sentimiento
en el mismo momento en que aparece, constituyendo la piedra angular
de la IE
2.- La capacidad para controlar las emociones. La conciencia
de uno mismo es una habilidad básica que nos permite controlar
nuestros sentimientos y adecuarlos al momento.
3.- La capacidad de motivarse a sí mismo. Con esto Salovey
y Mayer, y más tarde Goleman, quieren hacernos entender que
el control de la vida emocional y su subordinación a una meta
puede resultar esencial para "espolear" y mantener la atención,
la motivación y la creatividad. Es decir, esta habilidad ayuda
a aumentar la competencia no sólo social sino también
la sensación de eficacia en las empresas que se acometen. Este
aspecto se relaciona también con el concepto de Inteligencia
Exitosa propuesto actualmente por Sternberg (1998).
4.- El reconocimiento de las emociones ajenas. La empatía,
es decir, la capacidad para poder sintonizar con las señales
sociales sutiles indican qué necesitan o qué quieren
los demás.
5.- El control de las relaciones. Es una habilidad que presupone
relacionarnos adecuadamente con las emociones ajenas.
A su vez, la IE parece tener una base biológica considerable
tal y como muestran los estudios de LeDoux (1999). El papel de la
amígdala es como un nexo de unión entre el cerebro emocional
y el racional. Este autor también se interesó por el
papel que juega la amígdala durante la infancia, llegando a
la conclusión de la importancia que tiene la interacción
entre el niño y sus cuidadores (padres y educadores) durante
los primeros años de vida constituyendo un verdadero aprendizaje
emocional, tal y como observó Leuner (1966).
Estado Actual del problema en lo referente a la evaluación
de la IE
Como dijimos al principio, la Inteligencia Emocional es un constructo
psicológico, por lo tanto, estamos ante una variable teórica
abstracta -aunque muchos teóricos de la estadística
prefieren denominarla variable sintética- para explicar fenómenos
que son de interés científico pero que no pueden ser
directamente mensurables. Salovey y Mayer desarrollaron la idea de
la IE para explicar por qué algunas personas parecen ser más
"emocionalmente competentes" que otras. Estos autores creyeron
necesario desarrollar el constructo de la inteligencia emocional para
explicar esta diferencia, sobre las discrepancias observadas en la
competencia emocional entre diferentes sujetos.
A raíz de estas ideas, cualquier científico del comportamiento
humano, estaría interesado en poder medir la IE utilizando
una prueba de papel y lápiz, o en otras palabras, un cuestionario
o una escala. Un cuestionario, podría incluir más de
una medida o dimensión de la IE como la autocontrol, la empatía
o la motivación de logro. El cuestionario es el instrumento
normalmente empleado para la adquisición de datos en una investigación
de campo, a través de la metodología correlacional,
como las encuestas, las pruebas aptitudinales o los tests de personalidad.
Sin embargo, los investigadores debemos cuestionarnos previamente
si estos instrumentos de evaluación, realmente miden lo que
dicen medir. Los estudios de campo implican investigar en el "mundo
real" en lugar de un laboratorio. Si además obviamos entender
la IE como un constructo psicológico, desarrollaremos cuestionarios
con serias amenazas a la fiabilidad y la validez sobre las conclusiones
que alcanzaremos con los mismos. (Cook, Hepworth, Wall & Warr,
1981; Schriesheim, Powers, Scandura, Gardiner & Lankau, 1993;
Hinkin, 1995).
Desafortunadamente, pensamos que algunas conclusiones sobre la IE
se han basado empleando estas medidas o cuestionarios antes de saber
si éstos son adecuados o no, y a menudo realizan conclusiones
significantes. Por consiguiente, estas conclusiones, basadas en estas
medidas que no pueden ser contrastadas después por otros investigadores,
carecen del rigor científico por mucho "que nos apetezcan
sus implicaciones para la adaptación en la vida". Especialmente
por dos razones fundamentales: la primera obviamente, porque estas
escalas no son instrumentos que midan este constructo con precisión
y validez (Hinkin, 1995); y la segunda, y quizás más
relevante, porque todavía no existe un consenso, en la actualidad,
claro sobre qué es o qué no es inteligencia. Además,
creemos que podríamos añadir dos más: por un
lado, el abordaje de la IE y de sus implicaciones en la adaptación
exitosa del individuo, se ha adentrado desde el estudio de la inteligencia
sin la aportación de los teóricos e investigadores de
la emoción, y quizás también de la motivación;
y, por otro lado, qué diferencias conceptuales tiene la IE
con otros conceptos, a primera vista relacionados, tales como la autoeficacia
(Bandura, 1987) y la madurez personal (Zacarés y Serra, 1998).
Hasta el momento, ha habido dos claros intentos sistemáticos
por desarrollar un instrumento de evaluación de la IE como
constructo teórico:
El primero, el de Davies, Stanko y Roberts (1998) donde incluyen el
estudio de la IE dentro de los trabajos tradicionales sobre habilidades
cognitivas. Desarrollan una investigación, algo compleja, en
tres estudios, con una muestra total de 530 sujetos, en dos de sus
estudios utilizaron alumnos de la universidad de Sydney (Australia)
y en el restante con una muestra de 399 militares de la base aérea
en San Antonio, Texas. Veamos en que consistieron:
El primer estudio, con 131 alumnos de 1º de Psicología,
trataron de relacionar medidas de IE de varios tests con medidas de
inteligencia fluida, de inteligencia cristalizada, de inteligencia
social y de personalidad, tal y como vemos a continuación:
Gráfico 1: Representación gráfica de las pruebas
utilizadas para cada una de las medidas puestas a pruebas.
En
las discusiones del primer estudio, los autores se desmarcan algo
del modelo de Salovey y Mayer, pues los resultados apuntan más
bien a que estamos más ante dimensiones de personalidad que
antes dimensiones de inteligencia. Asimismo, encuentran un factor
independiente de la inteligencia fluida, de la cristalizada y de la
social, la percepción emocional.
En el segundo estudio, se relacionan la batería de test de
medidas de la IE, como vimos en el gráfico anterior, con el
NEO-PI (Costa y McCrae, 1985). El NEO-PI es un test de personalidad
basado en el modelo de los cinco grandes (openness, conscientiousness,
agreeableness, extraversión y neurotcism) y el ASVAAB (Armed
Services Vocational Aptitude Battery) desarrollado por el Departamento
de Defensa norteamericano que contiene 10 subescalas entre ellas,
algunos de inteligencia cristalizada y cognitivos. En la discusión
los autores obtienen tres factores relacionados con la IE: apreciación
de la emoción de uno mismo; claridad emocional y percepción
de la emoción. Destacan que estos tres factores se muestran
independientes de habilidades cognitivas fluidas y cristalizadas.
Este estudio parece apoyar algo más el modelo de Salovey y
Mayer (1993) en cuanto parece que la IE es conceptualmente distinta
de otros tipos de inteligencia (validez divergente). Pero este estudio
parece indicar, también, igual que en el anterior que las dimensiones
de la IE podrían ser conceptualizadas en términos de
dimensiones de personalidad -otro constructo-.
El tercer estudio que realizan surge de los resultados controvertidos
del primero y del segundo, sobre si la IE podría ser explicada
en términos de personalidad y sobre los factores de percepción
emocional y su validez de convergencia con el modelo de IE. Para ello,
indagan con escalas e instrumentos de evaluación de la Percepción
de la emoción con medidas no emocionales, matrices de Raven
(inteligencia fluida), medidas de personalidad (NEO-PI) y otras medidas
como la percepción interpersonal, empatía, autoinforme
de psicopatía, escala de depresión de Beck y el STAI
(ansiedad). Sin embargo, el factor de percepción emocional
que fue encontrado en los dos primeros estudios no resulta tan claro
en el tercero. La idea que impera en las conclusiones es que nos encontramos
ante un "elusivo constructo" -así se recoge en el
título del trabajo- porque para validar éste dependemos
de las propiedades de las medidas de los tests.
Particularmente, nos parece que este trabajo está lleno de
una gran complejidad de pruebas tanto de corte cognitivo como de personalidad.
Intentan por un lado dar sentido a la validez constructo a través
de la divergencia con otros tipos de inteligencia (cristalizada y
fluida) y de convergencia con la inteligencia social y algunos factores
de personalidad. Sí, lala validación de la IE como constructo
depende de las propiedades de las medidas porque, entre otras cosas,
las pruebas de personalidad utilizadas no fueron las mismas en el
primer y en el tercer estudio (EPI-R por el NEO-PI), y porque algunas
de las herramientas utilizadas, a parte de no tener una cierta garantía
en su validez y fiabilidad, el tipo de respuesta difiere claramente
unos de otros -de forma escalada en algunos, a respuestas elegidas
entre diferentes situaciones, en otros-. Pero a nuestro juicio, el
estudio pierde buena parte de su fiabilidad no sólo por las
propiedades de las medidas de las pruebas escogidas sino por la muestra
seleccionada: estudiantes de universidad -una vez más con el
fácil recurso- y militares de una base aérea norteamericana.
Cuando utilizamos muestras con perfiles poco diversificados corremos
el riesgo de sesgar las conclusiones (Silva Ayçagüer,
1998).
El segundo intento, casi paralelamente en el tiempo, es el trabajo
de Schutte, Maloufff, May, Haggerty, Cooper, Golden y Dornheim (1998).
Este grupo de autores desarrollan una medida de la IE, basado en el
modelo de IE desarrollado por Salovey y Mayer (1990), una prueba de
62 ítemes representando las diferentes dimensiones del modelo.
El análisis factorial de las medidas recogidas a 346 participantes
sugirió la creación de una escala de 33 ítemes.
Los estudios adicionales con esta escala de 33 ítemes mostraron
una buena consistencia interna (test-retest). Los estudios de validación
mostraron que las puntuaciones en la escala de 33 ítemes mostraron:
a.- Correlaciones con 8 de las 9 constructos relacionados puestos
a prueba (alxithymia, atención a los sentimientos, claridad
de sentimientos, control del humor, optimismo y control de impulsos).
b.- Encontraron diferencias significativas a favor de terapeutas con
respecto a sus clientes y a los internos de instituciones penitenciarias.
c.- Diferencias significativas a favor de las mujeres con respecto
a los varones, encontradas en las puntuaciones de los estudios sobre
habilidades emocionales.
d.- No encontraron relación con habilidades cognitivas
e.- Encontraron relación entre la IE y la apertura a la experiencia
(NEO-PI)- del modelo de los cinco grandes de personalidad.
Este estudio es más sencillo en cuanto al número de
pruebas utilizadas, el proceso de validación es más
completo que el anterior pues incluye estudios sobre: desarrollo,
consistencia interna y validez (predictiva y discriminante). Los resultados
de este trabajo parecen indicar que el uso reducido de esta escala
de 33 ítemes indica evidencia de validez y fiabilidad.
Hay aspectos en los que nos mantenemos reticentes a este estudio como
la muestra utilizada: alumnos de universidad, terapeutas, clientes
e internos de prisiones. En ambos estudios la muestra NO es suficientemente
homogénea de partida, homocedasticidad o igualdad de varianzas.
Asimismo, el test-retest es sólo a los 15 días, mientras
que los teóricos más reputados sobre los procesos de
validación empírica recomiendan un mínimo de
tres meses (Schmitt & Klimoski, 1991; Trochim, 1989, Silva Ayçagüer,
1998). Y otros autores recomiendan que para medir, con ciertas garantías
la dimensión de un constructo psicológico, es deseable
desarrollar ítemes en un número en torno a 30 por dimensión
(Hinkin, 1995), y en este caso son cinco dimensiones para 33 ítemes.
La conclusión que nos hacemos, entonces, después de
revisar estos dos trabajos sobre la validación de medidas de
la IE como constructo psicológico es cuestionarse, hasta qué
punto tenemos la certeza de si lo que estamos midiendo es el total,
o es una parte , o si estamos midiendo otra cosa además de
la IE.
Como sabemos, la validez de constructo es un tipo de superestructura
(o cajón de sastre) que incluye otros tipos de validez como
la validez aparente, la validez de contenido, la validez predictiva
y concurrente (como veremos en el segundo objetivo de este trabajo)
y la validez convergente y discriminante. La validez convergente se
demuestra al conocer hasta qué punto la medida de un instrumento
- que evalúa la IE- está en correlación con otras
medidas que fueron diseñadas para evaluar otros constructos
similares. Básicamente, podemos proporcionar validez de constructo,
a un instrumento de evaluación, si obtenemos evidencia empírica
de todas estas variaciones de validez (de contenido, aparente, de
criterio-relacionado, convergente y discriminante), y así estaremos
estableciendo que las medidas de la prueba de evaluación miden
lo que pensamos que miden y no otra cosa.
No obstante, es de agradecer cualquier intento sistemático
a la hora de validar las medidas de un constructo. A continuación,
pusimos a prueba una de las herramientas de evaluación de la
IE (Märtin y Boeck, 1997) con una simple prueba de validez de
criterio-relacionada. Nuestra intención no es desprestigiar
a ningún autor y su publicación, sino alertar del riesgo
que corremos cuando utilizamos pruebas para valorar un constructo
y realizamos conclusiones basadas en este tipo de pruebas, las conclusiones
estarían igualmente en riesgo de ser poco válidas y
fiables.
VALIDEZ DE CRITERIO DE UN INSTRUMENTO DE EVALUACIÓN DE LA
IE
Validez
de criterio- relacionada
En
esta aproximación a la evaluación de la IE optamos por
establecer la validez de criterio relacionada con un determinado test
de IE publicado. Esta validez se refiere a la relación que
existe entre la medida que se propone, en este caso sobre la IE, y
otras medidas relacionadas como, por ejemplo, los estilos motivacionales
de dirección de grupos. La validez de criterio-relacionado
es un indicador que refleja que las puntuaciones obtenidas, en una
prueba psicológica, se relacionan con un criterio conceptual
de la inteligencia emocional (por ejemplo, el estilo motivacional
democrático o la empatía). Por ejemplo, las personas
que puntuasen más alto en inteligencia emocional en nuestra
prueba, podríamos predecir que estos sujetos se muestran más
democráticos en la dirección de grupos, que alguien
cuyas puntuaciones hayan sido más bajas.
La evidencia de la validez criterio-relacionado normalmente puede
ser demostrada por las correlaciones encontradas entre las puntuaciones
de la prueba propuesta y las puntuaciones de otra prueba consolidada
en algunos de los aspectos relacionados con la IE.
La validez criterio-relacionado tiene dos subcomponentes: la validez
predictiva y la validez concurrente (Cronbach & Meehl, 1955).
La validez de predictiva se refiere a la correlación entre
las puntuaciones de la prueba y las puntuaciones dadas a posteriori
del criterio puesto a prueba. La validez concurrente se refiere a
la correlación entre ambas pruebas anteriores, sólo
que ambas son realizadas en el mismo momento temporal. Dado la mayor
viabilidad de la validez concurrente optamos por ella.
Las preguntas que tratamos de responder es sencilla: ¿Muestra
este instrumento de la medida de la IE validez concurrente con un
instrumento de valoración de los estilos motivacionales de
dirección de grupos?
METODOLOGÍA
Sujetos
Para
la realización del objetivo del presente estudio se contó
con una muestra de alumnos de la Universidad de Cádiz, una
vez más, entre las diversas diplomaturas y licenciaturas (1º
curso de Maestros/as en Educación Especial, 3º de Maestros/as
en Educación Física, 4º y 5º de Psicopedagogía
y 3º de Humanidades). Se reunió una muestra de 184 sujetos,
con una edad 0 = 22.99 y una F = 5.76. A fin de facilitar la descripción
de la muestra presentamos en la Tabla-1 la distribución de
la muestra por especialidad, con la media de edad en cada grupo (0
), su desviación típica (F ), y su frecuencia relativa
de mujeres y varones.
Tabla-I: Distribución de la muestra por especialidad, media
y desviación tipo de las edades, y distribución por
sexo.
Especialidad Frecuencia relativa Edad Sexo
Media Desviación Hombre Mujer
E. Especial 25,54 20,4 3,66 8,51 91,49
E. Física 29,89 21,5 2,21 61,82 38,18
Psicopedagogía 24,45 28,5 8,33 22,22 77,78
Humanidades 20,11 21,9 2,97 37,83 62,17
Instrumentos
Se utilizaron dos pruebas: una para valorar la Inteligencia Emocional
de Märtin y Boeck (ver apéndice I) se supone que basada
en las 5 dimensiones propuestas por Salovey y Mayer (1993), y otra
para determinar los estilos de motivación que el alumnado percibe
que debe tener un profesor/a eficaz, o exitoso, en la interacción
con los alumnos.
En la primera prueba (apéndice I) nos encontramos con 8 situaciones
de interacción en que se pide a los alumnos que respondan a
una sola opción en función de cuál sería
la que mejor se acerca a su estilo habitual de respuesta. Este test
se valoró con 1 punto si el sujeto elige la respuesta emocionalmente
inteligente, tal y como se ha estado haciendo en otros cuestionarios
publicados al uso (Goleman, 1998; Märtin y Boeck, 1997; Martineaud
y Engelhart, 1997) y 0 si la respuesta escogida no es la emocionalmente
inteligente. Pudiendo sumar un máximo de 8 y un mínimo
de 0. También podía evaluarse de forma escalada, es
decir, se dimensiona de 1 a 4 en función del grado de acercamiento
a la respuesta emocionalmente inteligente, siguiendo las orientaciones
propuestas por Schoenfeldt (1984) en las pruebas de evaluación
de constructos psicológicos, pues algunas de las opciones de
las respuestas no son emocionalmente muy competentes, pero sí
que algunas de las opciones son más competentes que otras.
No obstante elegimos la primera forma siguiendo las instrucciones
de uso de sus autores.
En la segunda prueba (apéndice II), está basada en una
prueba de estilos motivacionales de los directivos -compilada y validada
por Price Waterhouse en sus procesos de selección (" de
Cronbach igual a 0.84), y de uso muy extendido en el campo profesional
de los recursos humanos aunque no tanto en el de la investigación
básica- a la que le hemos dado una adaptación a las
situaciones de interacción profesor-alumno, y que ha sido validada
empíricamente en un estudio piloto, previo al presente trabajo
(Carreras, Guil y Mestre, 1997). Pedimos a los sujetos de la muestra
que respondieran de dos formas: la primera, en función de la
percepción que tenían ellos de la frecuencia en que
debía aparecer un comportamiento de un profesor que ellos consideraban
eficaz en la interacción con los alumnos, es decir, el grado
de frecuencia de una conducta de competencia social y motivacional
de un profesor con sus alumnos. Y la segunda, le pedíamos que
ordenaran cada bloque de 6 ítemes (cada uno corresponde a un
estilo diferente de motivación, ver apéndice II) en
función de la importancia que consideraran que debía
tener ese ítem en su percepción de un profesor eficaz.
Tal y como ocurre en el test original, basado en las teorías
de Blake y Mouton (en Shawb, 1980).
Los seis estilos motivacionales que se representan son los siguientes:
a.- Los generadores de influencia (INFLUYENTES):
a.1.- Coercitivo: que corresponde a los ítemes - 2, 8, 17,
21 y 25- ; es el estilo menos eficaz; el coercitivo usa comportamientos
intimidatorios o patrones de respuestas basados en el "temor"
como motivador.
a.2.- Director: corresponde a los ítemes -5, 10, 18, 22 y 29-;
este estilo de respuesta muestra conductas preocupadas por el control
y la consecución de objetivos. Logran un adecuado rendimiento
a corto plazo, pero no a medio y largo plazo, pues no logran desarrollar
la capacidad de algunos alumnos para que éstos puedan ser autosuficientes
y competentes por sí mismos.
b.- Los generadores de afiliación: (AFILIACIÓN).
b.1.- Afiliativos: que corresponde a los ítemes -1, 11, 14,
19 27-; este estilo no tiene mucho éxito como motivador porque
consideran que la armonía entre los alumnos y el profesor es
más importante que la consecución de metas. Consideran
importante hacer bien el trabajo para que los demás lo respeten
pero sin permitir que el trabajo ponga en peligro la armonía,
el respeto y el afecto. Estas puntuaciones deben ser convergentes
con las puntuaciones obtenidas de la escala de la IE.
b.2.- Demócrata: que corresponde a los ítemes -4, 9,
13, 23 y 26- ; este estilo fomenta las necesidades de autorrealización,
aceptación, reconocimiento y alabanza motivan a las personas.
Fomenta la participación en la toma de decisiones. A diferencia
del anterior no declina su papel de liderazgo en el aula, define los
objetivos y estimula a los alumnos para que alcancen las metas. Estas
puntuaciones deben ser convergentes con las puntuaciones obtenidas
de la escala de la IE.
c.- Generadores de metas: (LOGRO)
c.1.- Fijadores de pautas: que corresponde a los ítemes -3,
12, 15, 20 y 30- su forma de motivar consiste en fijar ellos mismos
el ritmo, y en hacerse personalmente responsable de la marcha del
aula. Sus éxitos dependen más de sus esfuerzos personales
que el de los alumnos. Este estilo también se relaciona con
el modelo de IE propuesto por Salovey y Mayer.
c.2.- El Formador: corresponde a los ítemes -6, 7, 16, 24,
28-. Los que apuntan en este estilo, piensan que los alumnos deben
de dar el máximo de sus posibilidades y para ello adopta una
relación e formador con los alumnos. Este estilo es el más
común entre los alumnos de estas especialidades. Recurren al
deseo de hacer algo y a la actuación planificada.
PROCEDIEMIENTO
Tras
seleccionar una muestra, al azar, de alumnos de las diferentes especialidades.
Se pasó ambas pruebas, primera la del test de IE y a continuación
la de los estilos de motivación, y en otros grupos se contrabalanceó
la presentación de los instrumentos de evaluación.
Variables de estudio: tenemos como principales variables de criterio:
La IE Total (una como suma de respuestas que se consideran emocionalmente
inteligentes; 1=SI y 0 = las que no son presentadas como emocionalmente
competentes).
Los estilos motivacionales ordenados, percibidos (director, coercitivo,
fijador de pautas, director, formador y demócrata). Donde los
sujetos priorizan las opciones de respuesta, en función de
la importancia que esa conducta les sugiere que debe tener un profesor
eficaz. Se hallaba promediando las elecciones de los cincos ítemes
que componían cada estilo (ver anexo-II). Se consideró
que con un promedio estrictamente menor a 3, ese estilo predominaba
en el sujeto por encima de otros, como comprobamos previamente en
el estudio piloto de la prueba de percepción de los estilos
motivacionales en la interacción profesor - alumnado (Carreras,
Guil y Mestre, 1997).
Los estilos motivacionales en frecuencias. Donde los sujetos valoran
de 1 a 5 (casi nunca; pocas veces; unas veces sí, otras no;
muchas veces; y casi siempre, respectivamente) la frecuencia con que
dicho comportamiento debe aparecer (apéndice II). Se hallaba
promediando las elecciones de los cincos ítemes que componían
cada estilo. Aunque en el presente estudio no planteamos ningún
objetivo de estudio con las frecuencias.
Por último, nos planteamos una nueva variable "Competencia"
con dos categorías, uno compuesto por los estilos que se suponen
socialmente más competentes (democrático, formador y
director) y otra con los socialmente menos competentes (afiliativos,
fijadores de pautas y coercitivos).
Los sujetos que predominaban en la percepción de más
de un estilo motivacional, se prescindieron de éstos para una
mejor claridad en los análisis factoriales de los datos. Y
se consideró sólo a aquellos que percibían principalmente
un estilo motivacional de dirección.
Otras variables que incluimos de interés fueron: la experiencia
docente (medida en años), el sexo, la edad, la especialidad,
y los 8 ítemes de la IE y los 30 (para cada caso, orden de
preferencia y frecuencia) de los estilos motivacionales de dirección
de grupos.
El objetivo general de la investigación era comprobar el comportamiento,
validez de criterio -relacionada, del test de IE con respecto a cada
uno de los 'estilos motivacionales' (en orden de preferencia) y con
respecto a la variable 'competencia', agrupando a todos los sujetos
que tenían un estilo claro y definido y a los que compartían
más de uno en sus preferencias.
Nuestras hipótesis de trabajo eran verificar que:
- Los estilos motivacionales ordenados llamados competentes (como
criterio relacionado) correlacionaban negativamente con las puntuaciones
totales del test de IE, y que éstos se discriminaban a su vez
de los estilos fijadores de pauta, coercitivos o afiliativos.
- Si fuera posible, buscar una función matemática entre
la relación entre 'IE', medida en la prueba, y la variable
'competencia'
- Nos planteábamos también que ni el sexo, ni la edad,
ni la especialidad discriminaban con respecto a las puntuaciones totales
de la IE.
Tras la recogida de datos, éstos fueron procesados a través
del paquete estadístico SPSS PC+ 8.0 con los que realizamos
los análisis que creímos más pertinentes: análisis
discriminantes y correlaciones. La variable experiencia fue desechada
en los análisis por estar especialmente sesgada (1% por encima
de los tres años de experiencia en la especialidad de Psicopedagogía)
en la distribución de la muestra.
RESULTADOS
Análisis
Descriptivos de los datos
De
la exploración previa de los datos, decidimos que un estilo
predominaba en un sujeto (pudiendo ser más de uno) cuando en
ese estilo el promedio de los ítemes era estrictamente menor
a 3 (el intervalo podía ser de 1 a 6). En la Tabla- II se recogen
los seis estilos descritos para cada categoría de las variables
sexo y especialidad. En la primera y segunda columna se recogen los
porcentajes relativos de cada sexo por estilo motivacional; en las
4 siguientes columnas podemos observar, a su vez, los porcentajes
relativos correspondientes a cada especialidad.
Tabla- II: Porcentajes relativos (%) por sexo y por especialidad
dentro de cada estilo motivacional.
Estilos
Hombre Mujer Humanidades Psicopedagogía E. Especial E. Física
Afiliativo 9.24 13.58 4.8 19 31 45.2
Coercitivo 2.17 7.06 41.2 11.8 23.5 23.5
Fj. Pautas 2.71 6.52 29.4 17.6 17.6 35.3
Demócrata 16.3 23.91 18.9 25.7 16.2 39.2
Director 1.08 3.26 37.5 50 0 12.5
Formador 19.02 33.15 19.8 25 29.2 26
El estilo más predominante en la muestra es el Formador (tanto
en los hombres -19.02%- como en las mujeres -33.15 %-) seguido del
estilo demócrata. Especialmente, el estilo formador predomina
en aquellas especialidades con una clara orientación hacia
la docencia con las diplomaturas en Educación Física
y Especial y la licenciatura en Psicopedagogía. Cabe también
resaltar otros resultados como, ¿cuál es el estilo predominante
en cada especialidad? En Ed. Física predominan los estilos
afiliativos y los fijadores de pautas. En Ed. Especial el afiliativo
y el formador. En Psicopedagogía el demócrata y el formador.
Y por último, en Humanidades el coercitivo y el director, teniendo
en cuenta que si bien esta especialidad no tiene un claro enfoque
en formación de futuros formadores, las posibles salidas laborales
son fundamentalmente en educación secundaria.
En la Tabla-III podemos observar los porcentajes relativos de repuestas
emocionalmente inteligentes (medido binomialmente, como 0 'si no es
la respuesta', 1 'es la respuesta más emocionalmente inteligente')
en cada uno de los 8 ítemes del cuestionario de IE (ver apéndice-I),
para cada uno de los estilos motivacionales. En la última columna,
se presentan los promedios del total de respuestas emocionalmente
dadas (intervalo de 1 a 8) en cada uno de los estilos motivacionales.
Tabla
- III: Porcentajes relativos de respuestas emocionalmente dadas en
cada uno de los ítemes del cuestionario de IE, por estilo motivacional.
Se incluye la media de las puntuaciones totales.
ESTILOS
IT 1 IT 2 IT 3 IT 4 IT 5 IT 6 IT 7 IT 8 T
AFILIATIVO 16.7 76.2 92.9 59.5 64.3 9.5 88.1 100 5.07
COERCITIVO 11.8 70.6 88.2 41.2 70.6 23.5 82.4 94.1 4.82
FJ. PAUTAS 17.6 58.8 94.1 47.1 70.6 0 82.4 100 4.71
DEMÓCRATA 14.9 70.3 90.5 70.3 64.9 18.9 93.2 98.6 5.22
DIRECTOR 12.5 62.5 100 50 62.5 12.5 62.5 100 4.63
FORMADOR 29.2 63.5 87.5 65.6 63.5 19.8 86.5 96.9 5.11
Como podemos observar, hay ítemes como el 1, el 3 y el 8 que
no discriminan entre los diferentes estilos, con lo que estos no aportan
validez de convergencia con los estilos previstos. Al hilo de lo que
acabamos de comentar, podemos observar como los fijadores de pautas
en el ítem 6 hay un 0% de aciertos, para que después
en el 8 haya el 100% de respuestas correctas.
En cuanto a los promedios de las puntuaciones totales en el test de
IE, efectivamente el estilo demócrata tiene un promedio superior
al resto de los estilos con una 0 = 5.22 y una F =1.26, seguido de
los estilos formador (0 = 5.11 y F = 1.3) y afiliativo (0 = 5.07 y
F = 0.97).
Análisis
Inferencial de los Datos
Lo
primero que tratamos de comprobar son las correlaciones de entre las
puntuaciones totales de los ítemes del test de IE con las puntuaciones
obtenidas en los diferentes estilos motivacionales, tal y como recogemos
en la tabla - IV.
Tabla - IV: Correlaciones efectuadas entre las puntuaciones
medias de los estilos motivacionales y los valores escalados de los
ítemes del Test de IE. Se incluye el total.
Estilos Ítem 1 Ítem 2 Ítem 3 Ítem 4 Ítem
5 Ítem 6 Ítem 7 Ítem 8 Total
Afiliativo .663 -.4068* .2067 .2902 -.903 .966 .921 -.271 -.630
Coercitivo -.2646 .1207 -.2768 .722 -.2304 -.575 -.1433 -.1891 -.3731
Fj. Pautas -.3068 .6040 -.141 .3019 -.4101 -.1159 -.4154 0 0
Demócrata -.155 -.1195 -.193 .666 -.807 -.1010 .134 .2666 -.762
Director -.7464 -.2757 0 -.3647 -.2673 -.2381 -.2928 0 -.7146
Formador .444 .491 .967 .1782 .326 .1171 -.358 .1318 .2159
De las diferentes correlaciones efectuadas, encontramos que el estilo
afiliativo correlaciona negativamente y significativamente (p: 0.01)
con el ítem 2, los demás estilos motivacionales, especialmente
el demócrata donde se esperaban significaciones con los valores
escalares del test de IE, éstas no se hallaron. Efectivamente
las puntuaciones del estilo demócrata correlacionan negativamente
con las puntuaciones del test de IE pero éstas no muestran
ninguna significación estadística; con lo que las conclusiones
que puedan derivarse del uso de este test corren un serio riesgo de
no ser válidas y fiables.
El análisis factorial discriminante tiene como objetivo primordial
el explicar la pertenencia de un individuo a un determinado grupo,
sobre la base de la probabilidad calculada, conocidos una serie de
datos. Tal y como aparece en la Tabla-V, de los resultados encontrados
en el análisis discriminante se podría establecer una
función matemática y=a+b:
Tabla-V: Coeficientes de la Función discriminante del
test IE
UNSTANDARDIZED CANONICAL DISCRIMINAT FUNCTION COEFFICIENTS
ÍTEMES FUNCIÓN 1
EMO1ESC 0.17
EMO2ESC -0.4979
EMO3ESC -0.2122
EMO4ESC 0.732
EMO5ESC -0.4184
EMO6ESC 0.2523
EMO7ESC -0.784
EMO8ESC -0.1911
CONSTANTE = 4.414
Dado los resultados establecidos en la Tabla-V se podrían en
teoría predecir nuevas puntuaciones de IE Total en función
de la puntuación obtenida en cada uno de los ítemes
por su función 1 (la constante para cada ítem), así
que podemos representar la función tal como sigue:
Y= 4.414 + (0.17) · X1 - 0.49 · X2 - 0.21 · X3
+ 0.73 · X4 - 0.41 · X5 + 0.25 · X6 -0.78 ·
X7 - 0.19 · X8
Siendo X1 la puntuación del ítem 1 de la prueba de evaluación
del IE, y así correlativamente hasta el ítem 8, donde
"x" es el valor de 0 ó 1 en función de si
es la respuesta emocionalmente inteligente o no.
Por otra parte, como se muestra en la matriz de confusión de
la variable competencia social (tabla VI), podemos considerar que
en el 73.84% de los casos los sujetos son correctamente clasificados
como competentes o no, mostrando además, estos dos grupos diferencias
estadísticamente significativas en la prueba no paramétrica
de U de Mann Whitney (p > 0.0001) con respecto a cada uno de los
ítemes del test de IE y el Total.
Tabla VI: Matriz de confusión de la variable test de
IE con la variable Competencia Social
COMPETENCIA N Incompetentes Competentes
Incompetentes Sociales 31 18 (58,1%) 13 (41,9%)
Competentes Sociales 141 32 (22,79%) 109 (77,39%)
Indefinidos 12 5 (41,79%) 7 (58,3%)
Porcentajes de casos correctamente clasificados: 73,84%
Función por análisis Incompetentes sociales Media =
-0.74512
Competentes sociales Media = 0.16382
CONCLUSIONES
Las
correlaciones de estas escalas de IE con la prueba de estilo motivacional
de dirección de grupos (validez de criterio-relacionado), cuyas
subescalas específicas se pretendía relacionada con
las medidas del test de IE, no predicen con certeza esta relación.
Además, la validez discriminante de cualquier medida tendría
que explicar cómo la inteligencia emocional difiere de otros
conceptos relacionados y que en este trabajo queda evidente que no
se ha conseguido. Por lo tanto, el instrumento que dice medir la IE
no tiene relación con las otras medidas del test que se tomó
para su correlación como criterio relacionado. Un constructo
teórico como la inteligencia emocional, o como la personalidad,
es bastante inviable evaluarla con sólo 8 ítemes.
PROPUESTA DE VALIDACIÓN EMPÍRICA DE LAS MEDIDAS DE
LA IE
Crear
una medida de papel-y-lápiz de un constructo psicológico
es un proceso largo y laborioso, e incluso desconcertante si nos limitamos
a utilizar pruebas que no están contrastadas en su validez
y fiabilidad. Algunas investigaciones realizadas con medidas de IE
no aprecian la importancia de la fiabilidad y validez de una medida
apropiada para un constructo psicológico. A veces los investigadores
creamos medidas que nunca validamos, en cambio podemos confiar más
"en la validez aparente de que una medida parece capturar el
constructo de interés" (Hinkin, 1995: 981) Además,
porque desarrollando medidas legítimas, aunque sea un proceso
arduo y largo, otros investigadores toman la senda puesta por nosotros,
evitando pasar por este proceso otra vez. Schmitt (1991) cree que
el campo de ciencia del comportamiento pasa por alto la importancia
de la validez y fiabilidad, en cambio se da más énfasis
al análisis estadístico. Los procedimientos estadísticos
y sus análisis son de escasa importancia si los datos son recogidos
con medidas que no han demostrado evidencias claras de fiabilidad
y validez (Nunnally, 1978). Y sin la medida legítima, el progreso
teórico del campo de estudio de la Inteligencia Emocional en
Psicología está en riesgo (Schwab, 1980).
Para nosotros, el concepto de IE es interesante por las repercusiones
que dice tener sobre nuestra adaptación "exitosa"
a la vida, pero necesitamos partir de un mayor rigor científico
antes de divulgarlo. Nosotros pensamos que sí podemos evaluarlo,
con mayor fiabilidad y validez si seguimos los procesos de evaluación
de constructos (Silva Ayçaguer, 1997). Actualmente, este propósito
lo estamos desarrollando a través de una tesis doctoral. Añadase
también que, como con cualquier medida de un constructo psicológico,
debe evaluarse su "conveniencia" social, viabilidad o interés
social. Una de las medidas más populares para esto es la propuesta
por Crowne y Marlowe (1964).
Pasos para validar la IE como constructo teórico:
Es conocido dictum de Lord Kelvin "Si uno logra medir lo que
está diciendo y lo puede expresar en números, es que
sabe lo que dice; pero si no lo puede expresar con números
es que el conocimiento que tiene de ello es escaso o insatisfactorio".
En muchos casos, la construcción de una operacionalización
adecuada resulta esencial para que el proceso de investigación
sea objetivo. La IE como constructo teórico cuya concreción
cuantitativa puede resultar polémica; pero no puede de antemano
renunciar a conseguirla. Cualquier construcción operativa exige
una definición clara y de lo que se trata es de aprehenderla
cuantitativamente (Silva Ayçagüer, 1997). Tambié
nhay que ser consciente de que e lresultado obtenido difícilmente
satisfazga completamente, pero si el concepto de IE evoluciona sin
los dogmatismos actuales, tanto la propia definición del mismo
como su operacionalización habrán de ser modificados
en aras de conseguir una aplicación más sutil y una
aceptación más amplia.
Un constructo teórico, o variable sintética si se prefiere,
tiene que cumplir 2 propiedades técnicas fundamentales: la
validez y la fiabilidad.
Pasos para la validación:
1.- VALIDEZ APARENTE: A través de la elaboración de
un banco de ítemes que traten de recoger todas las dimensiones
que el modelo de IE de Salovey y Mayer propugnan. Este banco de ítemes
se somete a la valoración de unos jueces, expertos en la materia,
que decidirán si un ítem determinado pertenece, o parece
que puede valorar, a una de las dimensiones establecidas. Si el 80%
de los jueces consideran que ese ítem pertenece a una dimensión
determinada, dicho ítem quedará en la futura escala.
Obviamente si no cumpliese el paso anterior debe ser rechazado. La
escala final resultante debe ser sometida a un conveniente pilotaje.
Este proceso garantiza a su vez una VALIDEZ de CONTENIDO.
2.- VALIDEZ de CRITERIO: como vimos anteriormente, es la validez más
realizada. En el caso de las medidas de la IE es conveniente someterla
a dos tipos de pruebas: de personalidad, en especial alguna prueba
relacionada con el modelo de los 5 grandes de Costa y McCrae (1985)
como el BFQ (Caprara, Barbaranelli y Borgogni, , 1995), adaptada a
la población española y el NEO-PI (Costa y McCrae, 1988);
y de alguna habilidad cognitiva que puede ser bien convergente (inteligencia
social o de habilidades metacognitivas relacionadas con la emoción)
o divergente (inteligencia fluida).
3.- VALIDEZ PREDICTIVA: Donde esperamos encontrar una relación
entre las medidas de la IE y lo que se espera de alguien que tenga
IE, por ejemplo un estilo motivacional democrático, habilidades
sociales de liderazgo, valores, un clima familiar que fomente el autocontrol
o la autonomía. En este sentido, se espera una predicción
en algún sentido positivo o negativo (correlaciones).
4.- VALIDEZ DE CONSTRUCTO: siguiendo a Cronbach y Meehl (1955) esta
validez se desarrolla a través de los factores localizados
en los análisis factoriales.
Para la fiabilidad: intentar medir de modo reproducible lo que se
quiere se puede conseguir de varias formas, pero la regla es que cuanto
más mejor. El proceso para hallar la fiabilidad es bien conocido.
Para ello, tenemos un elenco de coeficientes que dependiendo de las
propiedades de las medidas de la prueba de IE se puede elegir diferentes
coeficientes Por ejemplo, cuando la variable no es continua ua buen
alternativa es el coeficiente kappa, si los ítemes ovariables
son dicotómicos el coeficiente alfa de Cronbach, equivalente
al KR-20 de Kuder-Richardson. En cualquier caso, es conveniente realizar
un retest a los 3, 6 ó 12 meses.
Para concluir, cualquier intento de operacionalización de la
IE nos parece loable, es un esfuerzo que no se debe condenar, pero
al menos en las conclusiones debe reinar la prudencia si se conoce
que un instrumento de la evaluación de la IE no está
suficientemente validado, o al menos se tiene ciertas dudas de qué
se está midiendo. Puede parecer que no somos muy favorables
a la divulgación general de constructos o conceptos psicológicos,
nuestra intención es llamar a la prudencia científica.
La IE es un concepto prometedor, pero los estudios más sistemáticos
parecen indicar que quizás estamos ante dimensiones de personalidad
más que ante habilidades cognitivas. Un último apunte
sobre la reflexión anterior, les proponemos una tarea nada
difícil: si toman la mayor parte de los síntomas descritos
en el DSM-IV (baja tolerancia a la frustración, labilidad emocional,
baja autoestima, déficits en habilidades sociales, ...) y los
positivizan encontraremos "sorprendentemente" buena parte
de los descriptores mencionados en el modelo de IE de Salovey y Mayer.
Obviamente, si nos situamos en el lado opuesto de una dimensión
donde se encuentran los síntomas relacionados con los trastornos
mentales, o la desadaptación , sin duda alguna tendremos rasgos
o síntomas de conductas que forzosamente, nos deben proporcionar
un buen nivel de salud mental, o la adaptación. Piensen un
momento en ello.
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Zacarés; E. y Serra; M. (1998). La madurez Personal: perspectivas
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APÉNDICE
- I
EDAD................ SEXO: V M
CURSO....................................................................................................
ESPECIALIDAD.....................................................................................
INSTRUCCIONES
A continuación te proponemos un cuestionario donde se reproducen
ocho situaciones en las que un docente se puede encontrar en su desempeño
profesional. No hay opciones correctas ni incorrectas, simplemente
te pedimos que responda a UNA sola respuesta, la que se adecue mejor
a tu forma usual de comportarte.
1.- Uno de sus alumnos ha suspendido un examen en el que el tendría
previsto obtener una buena nota, ¿cómo hubieses reaccionado
tú en su caso?:
A.- Estableciendo un plan de trabajo para mejorar la nota en el siguiente
examen, y siguiéndolo al pie de la letra.
B.- Me propongo esforzarme más en un futuro.
C.- Hablaría con el profesor y le pediría una revisión
del examen, aún sabiendo que ello no cambiaría la nota
D.- Entendería que el profesor tiene que evaluar y que en otra
ocasión tendré mejor suerte.
2.- Está en el patio de su colegio durante la hora del recreo,
y observa de pronto a un alumno con señas inequívocas
de hallarse muy enfadado. Cuando se acerca se entera que no le admiten
en un determinado juego con otros compañeros, ¿cómo
actuaría usted en este caso?:
A.- Me mantengo al margen, los alumnos deberían aprender a
arreglar las diferencias por sí mismos.
B.- Junto con el alumno buscamos el modo de convencer a sus compañeros
para que le permitan jugar.
C.- Le pido con amabilidad que se calme e intente jugar con otros
compañeros.
D.- Intento distraer al alumno con mi charla hasta que éste
decida con quién jugar.
3.- Último día de clase antes de las vacaciones de Navidad,
y los alumnos se muestran poco predispuestos a pasar una hora con
las explicaciones de su asignatura. Por otra parte, usted sabe que
lleva cierto retraso con el programa de la asignatura, ¿cómo
actuaría en esta situación?
A.- Es el momento de hacerse valer, e imponer un poco de orden en
aras de su educación.
B.- Dejo pasar un rato antes de empezar el trabajo en clase, pero
piensa que un par de voces no vendría mal para que se centren.
C.- Entiendo sus estados de ánimo, y podría proponer
una actividad relacionada con la asignatura que les motive.
D.- Simplemente les llamaría la atención, y trataría
de hacerles ver la importancia de avanzar en la asignatura para no
quedarnos retrasados.
4.- Intenta tranquilizar a un alumno que está muy alterado
después de que otro le empujara, sin querer, cuando corrían
por el pasillo camino del recreo, ¿cómo se comportaría?
A.- Le dice: "Olvídalo, al fin y al cabo no ha pasado
nada".
B.- Se une a sus expresiones de su indignación para mostrarle
su solidaridad.
C.- Le cuenta que cuando era alumno, observó una situación
semejante y se dio cuenta que estos son lances fortuitos sin ninguna
mala intención.
D.- Me río de la situación para que él vea que
no tiene ninguna importancia.
5.- Está intentando, por teléfono, recabar dinero de
algunas organizaciones privadas para ayudar a sus alumnos en su viaje
de fin de curso. Quince de estas organizaciones ya han rechazado la
propuesta de su llamada y poco a poco se va desanimando, ¿
qué harías en esta situación?
A.- Lo dejo por hoy y espero tener más suerte mañana.
B.- Se detiene sólo a pensar cuál es la causa de que
no tenga éxito.
C.- En la siguiente llamada emplearía una nueva táctica
y se dice, a sí mismo, que no hay que rendirse tan fácilmente.
D.- Realmente esta tarea no es de mi incumbencia y no me debo preocupar
por esta situación.
6.- Está en clase con sus alumnos mientras ellos realizan un
trabajo en grupo. Terminada la tarea, observa que un par de alumnos
están subiendo el tono de voz entre ellos. Ambos están
muy alterados y se atacan uno al otro con reproches que no vienen
al caso, ¿qué es lo mejor que puede hacer, en este caso?
A.- Me pongo de acuerdo con los alumnos, para que al terminar la clase
dentro de unos 25 minutos puedan seguir discutiendo y traten de resolver
sus diferencias.
B.- Les pide que se disculpen públicamente, para que sirvan
de ejemplo al resto de la clase.
C.- "Donde manda patrón no manda marinero", es preciso
que imponga algo de autoridad para que la clase no siga su ejemplo.
D.- Paro la clase inmediatamente, y les pido que recuperen inmediatamente
el control y vuelvan a exponer relajadamente la visión de sus
cosas.
7.- Tiene un alumno que es extremadamente tímido y sabe que
éste reacciona con miedo cuando tiene que salir a la pizarra
o debe hablar en clase, ¿qué haría normalmente
en este caso?
A.- Acepto su naturaleza tímida y trato de no ponerlo en las
situaciones que tanto le angustian.
B.- Lo derivo al psicólogo/a del colegio. Es su trabajo y no
el mío.
C.- De vez en cuando en clase, trato de enfrentar al alumno con esas
situaciones para que consiga superar, como sea, sus miedos.
D.- Facilita al alumno experiencias que lo animen a ir saliendo de
su retraimiento.
8.- Durante el desarrollo del curso, pueden surgir conflictos con
-y entre- los alumnos, ¿ a este respecto para usted lo mejor
es?
A.- Poco a poco voy introduciendo normas y/o valores de comportamiento
en el aula.
B.- Les hago ver "quién tiene la sartén por el
mango", para no perder el control de la clase.
C.- Nada en especial, pues los alumnos cada vez tienen más
derechos y menos responsabilidades.
D.- Pienso que la "educación moral", es un asunto
más de sus padres que mío.
Autores:
José Miguel Mestre Navas
María del Rocío Guil Bozal
María del Rosario Carreras de Alba
Paloma Braza Lloret
Universidad de Cádiz (Spain)