|
Rafael
Alberti
Vicente
Aleixandre
Dámaso
Alonso
Gerardo
Diego
Federico
García Lorca
Jorge
Guillén
Miguel
Hernández
Pedro
Salinas
|
Poetas
de la Generación del 27
Mi
blog
¿Quiénes
eran? Un grupo de escritores. Los principales representantes del
grupo son Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico
García Lorca, Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Vicente
Aleixandre y Miguel Hernández.
¿Por
qué ese nombre? El acontecimiento que los unió y
les dio el nombre fue el homenaje que el grupo hizo a Luis de Góngora
en el año 1927 en Sevilla, al conmemorarse el tercer centenario
de su muerte.
¿Qué tenían en común?
Tradición
y vanguardismo.
Aunque desean encontrar nuevas fórmulas poéticas, no
rompen con nuestras tradiciones y sienten admiración por el
lenguaje poético de Góngora, por nuestros autores clásicos
y por las formas populares del Romancero.
A la
par que lo tradicional, las corrientes de vanguardia, sobre todo el
surrealismo, ejercen gran influencia en el grupo del 27. Los escritores
surrealistas exploran el mundo de lo inconsciente y pretenden alcanzar
la belleza absoluta, que está por encima de la realidad.
Intención
estética
Intentan encontrar la belleza a través de la imagen. Pretenden
eliminar del poema lo que no es belleza y, así, alcanzar la
poesía pura.
Quieren
representar la realidad sin describirla; eliminando todo aquello que
no es poesía.
Temática
Especial
interés por los grandes asuntos del Hombre, como el amor, la
muerte, el destino... y los temas cargados de raíces populares.
Estilo
Se preocupan fundamentalmente de la expresión lingüística
y buscan un lenguaje cargado de lirismo.
Versificación
Utilizan estrofas tradicionales (romance, copla...) y clásicas
(soneto, terceto...). También utilizan el verso libre y buscan
el ritmo en la repetición de palabras, esquemas sintácticos
o paralelismo de ideas.
Rafael
Alberti.
Rafael
Alberti nace en el Puerto de Santa María (Cádiz), en 1902.
A los quince años se traslada con su familia a Madrid. Hasta
1923 su actividad principal es la pintura, que cambiará pronto
por el quehacer poético. En 1925 obtiene el Premio Nacional de
Literatura por Marinero en tierra. A partir de 1931, y ya afiliado al
Partido Comunista, empieza a trasladar a la poesía sus preocupaciones
político-sociales. Como consecuencia de la Guerra Civil se exilió
primero en Argentina -hasta 1962- y, después, en Italia -en Roma
desarrolló tanto su vertiente creativa de pintor como de poeta-,
hasta que en 1977 regresa definitivamente a España. Los avatares
políticos, los cambios de residencia y el paso de los años
en ningún momento han condicionado la continuidad de su labor
poética y literaria.
La primera obra de Alberti, Marinero en tierra (1924), refleja la nostalgia
de su tierra natal, recordada desde Madrid; y fue acogida con gran entusiasmo
por Juan Ramón Jiménez ("Poesía popular, pero
sin retorno innecesario:
nueva; fresca y acabada a la vez; rendida, ágil, graciosa, parpadeante:
andalucísima"). Los temas y las formas populares continúan
en los siguientes libros: La amante (1925>, El alba del alhelí
(1927). Y si con Cal y canto (1926-1927) Alberti rinde homenaje a Góngora
y cultiva además los motivos de la vida moderna en una lírica
claramente vanguardista, con Sobre los ángeles (1927-1928) logra
una de las obras maestras de la poesía surrealista. A sus últimos
años de estancia en España previos al exilio corresponden
varios libros de inspiración revolucionaria: El poeta en la calle
(1931-1935), De un momento a otro (1934-1939), etc.
En su exilio americano, Alberti sigue publicando libros de extraordinaria
belleza lírica, muchos de los cuales revelan la nostalgia de
su patria: Entre el clavel y la espada (1939-1940), Pleamar (1944>,
A la pintura (1945-1952) - bellas glosas líricas de la obra de
célebres pintores -, Retornos de lo vivo lejano (1948-1956),
Coplas de Juan Panadero (1949-1953), Ora marítima (1953>,
Baladas y canciones del Paraná (1953-1954), etc. De su estancia
en Roma sobresale la obra Roma, peligro para caminantes (1968).
Alberti es, asimismo, autor de un sugestivo libro de memorias - La arboleda
perdida- y de algunas obras de teatro: El hombre deshabitado, El adefesio,
etc.
Volver
arriba
Vicente
Aleixandre. Nació en Sevilla, en 1898. Su infancia transcurrió
en Málaga, ciudad y litoral mediterráneos que tanto habían
de influir en la poesía de Sombra del paraíso. Desde 1909
vivió en Madrid -que fue su lugar habitual de residencia-, en
donde estudió Derecho y Comercio. En 1925, una grave dolencia-
tuberculosis renal que traería como consecuencia, en 1932, la
extirpación de un riñón- le aleja de cualquier
actividad profesional o social y le fuerza a llevar una vida de reposo
y cuidados clínicos que favorecerá su dedicación
por entero a la poesía, al convertir el placer de escribir en
auténtica necesidad. En 1933 obtuvo el Premio Nacional de Literatura
con La destrucción o el amor, uno de los más hermosos
libros de toda la poesía surrealista, que confirmó a Aleixandre
como un maestro de la poesía contemporánea. En 1949 es
elegido miembro de la Real Academia Española. Con la obra Poemas
de la consumación (1968) logró el Premio Nacional de la
Crítica. En 1977 recibe el Premio Nobel de Literatura. Muere
en Madrid, en 1984.
Volver
arriba
Dámaso
Alonso. Nació en Madrid, en 1898. Fue Catedrático
de la Universidad de Valencia y de la de Madrid, en la que desempeñó,
desde la jubilación de Menéndez Pidal -de quien fue discípulo
y colaborador- y hasta 1968, la Cátedra de Filología Románica.
Ese mismo año fue elegido Presidente de la Real Academia Española.
En 1978 recibió el Premio Cervantes. Muere en Madrid, en 1989,
tras una fecunda vida dedicada a la docencia -fue profesor y conferenciante
en las principales universidades de Europa y América-, a la investigación
y crítica -autor de rigurosos estudios de Lingüística
y de trabajos de análisis estilístico de nuestra lírica
medieval y contemporánea-, así como a la creación
poética, que cultiva "a rachas", según su propia
expresión.
Sólo la producción inicial de Dámaso Alonso -Poemas
puros. Poemillas de la ciudad (Madrid, editorial Galatea, 1921)- queda
adscrita a la Generación del 27, con cuyos miembros le une una
fraternal amistad. La madurez poética de Dámaso Alonso
se produce tras la Guerra Civil, con Oscura noticia (Madrid, editorial
Hispánica, 1944. Colección Adonais, núm. VII) y
con Hijos de la ira (Madrid, editorial Revista de Occidente, 1944);
libros a los que seguirán Hombre y Dios (Málaga, colección
"El arroyo de los ángeles", 8; 1955), Gozos de la vista
(Madrid, editorial Espasa-Calpe, 1981. Colección Austral, núm.
1639) y Duda y amor sobre el Ser Supremo (Madrid, editorial Cátedra,
1985. Colección Letras Hispánicas, núm. 228. Junto
a esta obra se publica una selección poética titulada
Antología de nuestro monstruoso mundo).
Hijos de la ira (Diario íntimo) es la obra más trascendental
de la poesía de posguerra, y representa una decidida ruptura
con la poesía esteticista y ajena a la realidad histórica
que venía imperando en España. La obra es un claro exponente
de la angustia que domina al hombre de nuestro tiempo, que no se siente
a gusto en un mundo en el que reinan la crueldad, el odio y la injusticia.
El lenguaje desgarrado y deliberadamente prosaico -que no excluye palabras
"antipoéticas"-, los majestuosos versículos
-que recuerdan el ritmo de los salmos bíblicos-, las imágenes
con influjos surrealistas y esa preocupación constante por el
corazón del hombre sitúan a la poesía de Dámaso
Alonso -a la que él mismo califica de "desarraigada"-
en una línea "existencial" que nada tiene que ver con
el anacrónico bucolismo renacentista en el que se habían
instalado algunos poetas imitadores de Garcilaso de la Vega. El libro
de Alonso ejercerá una un fuerte influjo en la poesía
española de posguerra y abrirá el camino a una poesía
más dramáticamente humana; y de su tono de protesta ante
la injusta realidad circundante derivará posteriormente la poesía
social de Blas de Otero y de Gabriel Celaya.
Volver
arriba
Gerardo
Diego. Nació en Santander, en 1896. Su figura humana y su
obra literaria son extraordinariamente versátiles: poeta, profesor,
critico literario, articulista en la prensa diaria, musicólogo,
pianista, pintor...; y autor de cuarenta libros poéticos originales
que le convierten en una de las figuras más destacadas de la
poesía del siglo XX.
Fue Catedrático de Literatura en Institutos de Soria, Gijón,
Santander y Madrid. En 1932 apareció su famosa antología
Poesía española, obra de capital importancia en la historia
de la poesía española anterior a la Guerra Civil, y en
la que se recogen composiciones -y testimonios acerca del concepto de
poesía- de los poetas de la Generación del 27, de la que
Diego forma parte. En 1947 ingresó en la Real Academia Española.
Son numerosos los premios que ha recibido; entre ellos, el Nacional
de Literatura -en 1925, por Versos humanos; premio que comparte con
Rafael Alberti y su Marinero en tierra-, y el Cervantes -en 1979-. Murió
en Madrid, en 1987.
La versatilidad de Diego le ha permitido simultanear la poesía
de vanguardia -Diego es el máximo representante español
del Creacionismo- y la poesía clásica o tradicional; y
en ambas direcciones poéticas se advierte una cualidad constante:
el dominio absoluto de la forma, cualquiera que sea el tipo de verso
elegido.
Diego se inicia en el mundo de la poesía con tres libros -escritos
en 1918- de gran sencillez y grata musicalidad: Iniciales, El Romancero
de la novia y Nocturnos de Chopin -libro este último que revela
la capacidad del poeta para relacionar música y poesía-.
El espíritu vanguardista del poeta está presente en varios
libros: Evasión -escrito entre 1918 y 1919, y considerado ultraísta-;
Imagen (1922) y Manual de espumas (1924) -adscritos al Creacionismo;
libros de poesía originalísima, al margen de toda lógica
y de cualquier referencia a la realidad inmediata. A este tipo de poesía
alude el poeta cuando afirma: "Creer lo que no vimos dicen que
es la Fe; crear lo que nunca veremos, esto es la Poesía.";
Fábula de Equis y Zeda -obra escrita entre 1926 y 1929, en pleno
fervor gongorino; sucesión de imágenes disparatadas, en
sextetos de gran musicalidad-; y Poemas adrede -en donde se hace patente
la influencia del surrealismo; intento de aunar la expresión
tradicional con la vanguardista-; surrealismo que alcanza también
a algunos de los poemas de Ángeles de Compostela (1940).
Los mejores libros, dentro de la vertiente tradicional, son, sin duda,
Versos humanos (1925) y Alondra de verdad (1941); obras que incluyen
sonetos de insuperable perfección técnica, como los titulados
"El ciprés de Silos", "Giralda", "Insomnio",
"Revelación"...
En sus libros posteriores sigue manifestándose la aguda sensibilidad
para la belleza y el sentido musical que ha presidido siempre el quehacer
poético de Gerardo Diego. Dentro de los libros de "paisajes"
destacan -además de Alondra de Verdad y Ángeles de Compostela-
Soria (1923), Paisaje con figuras (1956), Mi Santander, mi cuna, mi
palabra (1961) y Vuelta del peregrino (1966). La lírica amorosa
de Diego se concentra en libros como Amazona (1956), Amor solo (1958),
Canciones a Violante (1959) y Sonetos a Violante (1962). La lírica
religiosa está recogida en Versos divinos (1971) -obra que incluye
el libro juvenil Viacrucis (1931), donde hallamos décimas algo
frías y demasiado elaboradas, pero llenas de esencias populares-.
La afición de Diego por la música origina una de sus grandes
composiciones: Preludio, aria y coda a Gabriel Fauré (1967),
en la que Diego ha sido capaz de transmitir con sus versos la fuerza
expresiva de la música. Y de su pasión por los toros dan
testimonio los libros La suerte o la muerte (1963) y El cordobés
dilucidado (1966).
Volver
arriba
Federico
García Lorca. Nació en Fuentevaqueros (Granada), en
1898; y murió asesinado en Víznar (Granada), víctima
de la violencia del 36, en agosto de ese mismo año. Es la suya
una personalidad extraordinariamente dotada para el arte: musicólogo
-recopiló y armonizó canciones tradicionales-, dibujante,
director teatral -fundó el grupo teatral "La barraca",
para el que adaptó obras de nuestro teatro clásico-, excepcional
recitador...; pero, ante todo, poeta de gran inspiración y profundo
conocimiento de la técnica literaria. García Lorca el
poeta contemporáneo que ha logrado mayor universalidad; y aunque
su fama se daba, a veces, a razones extraliterarias, lo cierto es que
sus magníficos y bellos poemas justifican sobradamente esa popularidad.
En sus primeras obras -Libro de poemas, Canciones-se advierte ya un
personalisimo empleo de la metáfora y una atracción por
los motivos folclóricos y tradicionales, así como ciertos
ecos vanguardistas. Obra fundamental de esta primera época -aunque
publicada en 1931- es el Poema del cante jondo, cuyo núcleo central
lo constituye el profundo dramatismo de la canción andaluza,
sobre la que García Lorca ha proyectado su dolor de vivir.
En 1928 se publica el Romancero gitano, obra compuesta por 18 poemas,
en la que se hallan fundidos los motivos populares andaluces y la técnica
ultraista más refinada, el romance tradiciobnal -si bien mezclando
lo narrativo con lo lírico- y la capacidad metafórica
más insólita. <El Romancero gitano en modo alguno es
una andaluzada folclórica. A este respecto, escribe García
Lorca: "El libro en conjunto, aunque se llama gitano, es el poema
de Andalucía, y lo llamo gitano porque el gitano es lo más
elemental, lo más profundo, más aristocrático de
mi país, lo más representativo de su modo y el que guarda
el ascua, la sangre y el alfabeto de la verdad andaluza universal.";
un libro que su autor define como "antipintoresco, antifolclórico,
antiflamenco, donde no hay ni una chaquetilla corta, ni un traje de
torero, ni un sombrero plano, ni una pandereta.", y en el que los
gitanos aparecen como depositarios de la mejor tradición andaluza.>
La visión del mundo andaluz que ofrece García Lorca en
esta obra está cargada de patetismo: en el Romancero gitano "hay
un solo personaje -dijo el propio autor-, que es la pena que se filtra
por el tuétano de los huesos"; y basta con leer, por ejemplo,
el "Romance de la pena negra o el "Romance sonámbulo"
para comprobar el tono patético de una obra que, estilizando
los elementos populares a través de unas imágenes de brillante
colorido y musicalidad, alcanza una enorme calidad poética.
Intensa fuerza dramática tiene también el Llanto por Ignacio
Sánchez Mejías (1935>; larga elegía dividida
en cuatro partes, en honor y recuerdo del famoso torero muerto en agosto
de 1934 en la plaza de Manzanares; poema en el que de nuevo se funden
los elementos populares y tradicionales con los cultos y vanguardistas.
De 1935 es, asimismo, Poeta en Nueva York, libro en el que García
Lorca adopta la técnica surrealista
-el versículo, la imagen alucinante...- para expresar su agrio
desdén por la civilización moderna de Norteamérica,
deshumanizada y promotora de injusticias sociales. El diván de
Tamarit y Sonetos del amor oscuro -de los que se conservan once- completan
su obra lírica.
García Lorca es, además, un dramaturgo excepcional. Su
primer éxito teatral lo consiguió en 1927, con Mariana
Pineda; obra a la que siguieron La zapatera prodigiosa (1930), Bodas
de sangre (1933), Yerma y La casa de Bernarda Alba (1936), por citar
sólo sus obras de mayor interés. En todas ellas hay extraordinarios
pasaje líricos y una intensa fuerza dramática que confiere
a los personajes, ambientes y conflictos una innegable dimensión
real.
Volver
arriba
Jorge
Guillén. Nació en Valladolid, en 1893. Fue Catedrático
de Literatura Española en la Universidad de Murcia y en la de
Sevilla. A los 45 años -en 1938- comienza un exilio voluntario,
que le lleva a Norteamérica. El retorno definitivo a España
se produce en 1977, año en que recibió el Premio Cervantes.
Los últimos años de su vida los pasó en Málaga,
en donde murió en 1984, a los 91 años.
La producción poética de Jorge Guillén está
distribuida en cinco series -Cántico, Clamor, Homenaje, Y otros
poemas, Final-, y lleva el título genérico de Aire Nuestro.
Desde la primera edición, de 1928, con 75 poemas, Cántico
ha ido ampliándose hasta alcanzar las 334 composiciones que constituyen
la cuarta y definitiva edición, de 1950. Cántico es una
entusiasta exaltación de la perfección del Universo -"el
mundo está bien hecho", dice Guillén-, una exclamación
gozosa ante el maravilloso espectáculo de la realidad terrestre.
(Léase, desde esta perspectiva, el poema titulado "Las doce
en el reloj" y la décima "Perfección").
Y si Cántico se subtitula Fe de vida, Clamor -compuesto por Maremagnum
(1957), Que van a dar en la mar (1960) y A la altura de las circunstancias
(1963)- lleva por subtítulo Tiempo de historia. Los poemas de
esta obra -editada en Buenos Aires- son un grito de protesta ante las
dolorosas realidades de nuestro tiempo: guerras, dictaduras, injusticias,
negocio, tiranía, muerte, explotación, etc. "El mundo
del hombre está mal hecho", dice ahora Guillén.
Sin embargo, las ''discordancias' del mundo de los últimos años
no hacen abdicar al poeta de su inicial postura de fe en el hombre y
en la vida. A Cántico y a Clamor añade Guillén
un tercer titulo: Homenaje -Reunión de vidas- (Milán,
1967), conjunto de poemas dedicados a diversas figuras de la Historia,
de las Artes y de las Letras. Y tras las dos ediciones de Y otros poemas
(Buenos Aires, 1973; Barcelona, 1979), la obra completa de Guillén
se cierra, definitivamente, con Final (Barcelona, 1981).
Volver
arriba
Miguel
Hernández. Nació en Orihuela (Alicante), en 1910.
De humilde origen campesino, recibió una escasa instrucción
en el colegio jesuita de Santo Domingo, que abandona muy pronto para
dedicarse a cuidar el rebaño de cabras de su padre. Sus muchas
lecturas -especialmente de la lírica renacentista y barroca,
cuya influencia se advierte en su producción poética-
ampliaron su formación. La vocación poética de
Hernández es muy temprana: sus primeros versos se publican en
1930 y 1931 en distintos diarios; su primer libro de versos -Perito
en lunas- se edita en 1933; y, también se publican sus poemas
en la revista vanguardista "El gallo crisis", fundada en su
ciudad natal y dirigida por su "compañero del alma"
José Marín -que utilizó como seudónimo el
anagrama de su nombre, Ramón Sijé-. En 1934 se traslada
a Madrid, donde será entusiásticamente acogido por los
mejores poetas de la época. Ese mismo año formaliza su
noviazgo con Josefina Manresa, con la que se casará en 1937.
Su amistad con el poeta chileno Pablo Neruda es decisiva en su evolución
ideológica, que determinó su participación en la
guerra del lado republicano. En 1939, cuando intentaba pasar de Huelva
a Portugal, es detenido y encarcelado, primero en Sevilla y luego en
Madrid. Condenado en consejo de guerra (1940) a la pena de muerte, se
le conmuta por la de treinta años. Tras pasar por las cárceles
de Palencia y Ocaña, es trasladado al Reformatorio de Adultos
de Alicante (1941), en cuya enfermería morirá, como consecuencia
del agravamiento de una tuberculosis pulmonar aguda, en marzo de 1942.
En 1933 se publica en Murcia Perito en lunas: el barroquismo aprendido
en Góngora canaliza en 42 octavas reales que describen, en complejísimas
metáforas, objetos de la vida cotidiana. Y en 1936 aparece la
obra maestra de Hernández, El rayo que no cesa, conjunto de poemas,
en su mayor parte sonetos -un total de 27, de rigurosa factura clásica-,
cuyo tema central es la frustracióm amorosa del poeta. El extraordinario
equilibrio entre desbordamiento emocional y densidad conceptual confiere
a los poemas de este libro una fuerza expresiva raras veces alcanzada
en la lírica castellana. La obra incluye la emocionada "Elegía"
-en tercetos encadenados- a la muerte de Ramón Sijé, su
gran amigo de infancia y juventud, que tanto influyó en su formación
intelectual y literaria.
La poesía intimista de El rayo que no cesa da paso a una poesía
de tono social en las obras Viento del pueblo (1937), El hombre acecha
(escrita entre 1937 y 1939) y Cancionero y romancero de ausencias (escrita
en la cárcel, entre 1939 y 1941). Y si en Viento del pueblo y
en El hombre acecha los motivos bélicos y patrióticos
se expresan en un lenguaje tan directo como vigoroso, los versos de
Cancionero y romancero de ausencias reflejan la amargura de la última
etapa de su vida: su situación de prisionero, la angustia por
la suerte de su mujer e hijo (su primer hijo, nacido en diciembre de
1937, murió a los diez meses, víctima de una infección
intestinal), las consecuencias de la Guerra Civil, en definitiva, originan
sencillos poemas inspirados en las más sobrias formas de la lírica
popular y desnudos, por tanto, de todo artificio retórico. Algunos
de estos poemas, de desolada emoción -como, por ejemplo, las
famosas "Nanas de la cebolla", compuestas en septiembre de
1939- siguen conmoviendo a los más variados lectores, impresionados
por su tono humanísimo; poemas de una simplicidad e intimismo
lírico sobrecogedor, muy distantes del barroquismo de los poemas
adolescentes.
Volver
arriba
Pedro
Salinas. Nació en Madrid, en 1891. Cursó Derecho y
Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid (Licenciado en
Letras, en 1913; Doctor, en 1917). Estuvo en la Universidad parisina
de La Sorbona, como Lector de Español, entre 1914 y 1917; y allí
conoció directamente la poesía francesa moderna, de la
que recibirá cierta influencia. Fue Catedrático de Literatura
Española de la Universidad de Sevilla (1918), y después
en la de Murcia. Durante el curso de 1922-1923 es nombrado Lector de
Español en la Universidad inglesa de Cambridge. De vuelta a Madrid,
trabaja en el Centro de Estudios Históricos con el equipo de
investigadores dirigido por Menéndez Pidal, y en donde prepara
ediciones de clásicos y escribe ensayos de crítica sobre
literatura española contemporánea. Participó activamente
en la creación -en 1933- de la Universidad Internacional de Verano
de la Magdalena (Santander), lugar de encuentro de ilustres profesores
de diferentes países y un selecto grupo de estudiantes. En Madrid,
imparte clases en la Escuela Central de Idiomas. Aunque no desarrolló
actividades políticas, sus ideas liberales le llevaron a exilarse
voluntariamente durante la Guerra Civil, y se trasladó a los
Estados Unidos de América, en donde ejerció la docencia
en distintas universidades. Desde 1942 a 1945 fue profesor de la Universidad
de San Juan de Puerto Rico. Recorrió otras muchas universidades
de todo el continente americano como conferenciante o profesor visitante,
y viajó, asimismo, por diversos países europeos, aunque
ya no volverá a pisar tierra española. Murió en
Boston, en 1951. Por voluntad propia, sus restos descansan en San Juan
de Puerto Rico, en el cementerio de Santa Magdalena, frente a un mar
de incomparable belleza.
Los primeros libros de Salinas -Presagios, 1923; Seguro azar, 1929;
Fábula y signo, 1931- se inscriben en la línea de la poesía
"pura", bajo la influencia de Juan Ramón Jiménez;
aunque no faltan en ellos, particularmente en Fábula y Signo,
temas futuristas, nuevos en la creación poética. Pero
son La voz a ti debida (1933) -título tomado del verso 12 de
la Égloga III de Garcilaso de la Vega: "pienso mover la
voz a ti debida;"- y Razón de amor (1936) las obras cumbres
de Salinas, con las que el tema amoroso, presente en los tres libros
anteriores, irrumpe en la poesía de la época desde posiciones
claramente antirrománticas. Pocos líricos castellanos
han sabido ahondar en la naturaleza misma del sentimiento amoroso con
la sutileza de Salinas, para quien el amor, en vez de sufrimiento, es
una prodigiosa fuerza que está presente en la realidad de cada
día y da sentido a la propia vida y al mundo.
Con posterioridad a la Guerra Civil, y ya en América, Salinas
publicó dos libros de poemas: El contemplado (1946) y Todo más
claro (1949); a los que hay que añadir otro de aparición
póstuma: Confianza (1955; poemas inéditos 1942-1944).
Los angustiosos poemas de Todo más claro -que surgen como resultado
de sus largos años de permanencia en Estados Unidos, en contacto
con sus estructuras socioeconómicas y con los progresos tecnológicos-
reflejan la profunda desolación en la que vive el hombre de su
época. El propio poeta declara en el prólogo: "Conozco
la gran paradoja: que en los cubículos de los laboratorios, celebrados
templos del progreso, se elabora del modo más racional la técnica
del más infinito regreso del ser humano: la vuelta del ser al
no ser. Sobre mi alma llevo, de todo esto, la parte que me toca; como
hombre que soy, como europeo que me siento, como americano de vivienda,
como español que nacía y me afirmo. Porquer las angustias
arremeten por muchos lados. Y ahí están las mías,
en este librito, para el que no se quiera cerrar a verlas". Y,
en efecto, la actividad frenética, el tumulto ruidoso, el tráfico
intenso, los anuncios abigarrados de las grandes ciudades norteamericanas...
-en definitiva, el desbordamiento de la técnica frente a los
eternos valores de la Humanidad- están presentes en poemas como
los titulados "Hombre de la orilla", "Nocturno de avisos",
"Ángel extraviado"... La obra se cierra con el estremecedor
y largo poema -de 389 versos- "Cero", expresión horrorizada
del poeta ante las primeras explosiones atómicas norteamericanas
que destruyeron -el 6 y el 9 de agosto de 1945- las ciudades japonesas
de Hiroshima y Nagasaki. Con Todo más claro, Pedro Salinas se
incorpora plenamente a la poesía que refleja el sentimiento de
angustia que a menudo ha acompañado al hombre del siglo XX, perplejo
ante la deshumanización del progreso tecnológico que ha
conducido a catástrofes dantescas, desconcertado ante tanta injusticia.
Salinas cultivó, además de la poesía, la narrativa,
el teatro. Su prosa narrativa está integrada por las obras Vísperas
del gozo (1926), La bomba increíble (1950) -muestra de su inquietud
ante el trágico genocidio provocado por la primera explosión
atómica-, y El desnudo impecable y otras narraciones (1951).
Su teatro, escasamente conocido en España, se representó
en un universidades norteamericanas. Destacan las piezas dramáticas
en un acto La cabeza de la Medusa, La estratosfera, La isla del tesoro
(1952).
Pero Salinas es, además, un excelente crítico literario
y ensayista. Su gran admiración por los escritores clásicos
y contemporáneos españoles -que conoce perfectamente como
especialista y estudioso de nuestra literatura- y su finísima
sensibilidad para explorar los "valores humanos" de sus textos
se pone de manifiesto en libros como Jorge Manrique, o tradición
y originalidad (1947), La poesía de Rubén Darío
(1948). De especial interés son el libro Literatura Española.
Siglo XX (1941) -donde plantea los problemas históricos y estéticos
del Modernismo y la Generación del 98, e incluye, asimismo, estudios
sobre Unamuno, Valle-Inclán, Baroja, Antonio Machado, Juan Ramón
Jiménez, así como sobre los demás escritores de
su propia generación poética-, y la publicación
póstuma Ensayos de Literatura Hispánica. Del "Cantar
de Mio Cid" a García Lorca (1958) -obra en la que se recogen
estudios sobre el "Cantar de Mio Cid", la novela picaresca,
"El Quijote", el teatro y la poesía del Siglo de Oro,
el padre Feijoo, Meléndez Valdés...-. Y es denominador
común de toda su obra crítica, junto a su agudeza interpretativa,
una sencillez expositiva que le permite alcanzar unas altas cotas de
comunicabilidad. Como un extraordinario y agudo prosista se muestra
Salinas en la colección de cinco ensayos que conforman El defensor
(1948), nacidos en el exilio puertorriqueño entre 1942 y 1946
El titulado "Defensa del lenguaje" -instrumento prodigioso
para la expresión del propio ser y la convivencia con el prójimo-
constituye un depurado ejemplo de sensibilidad humana.
Pero, por encima de cualquier otra actividad intelectual -profesor con
verdadera vocación de enseñanza, novelista, dramaturgo,
crítico literario y ensayista-, Salinas, dentro de la Generación
del 27, es el gran poeta del amor. Y para comprobarlo, bastaría
con leer el poema de La voz a ti debida que comienza con los versos
"Qué alegría, vivir / sintiéndose vivido.
/ Rendirse / a la gran certidumbre, oscuramente, / de que otro ser,
fuera de mí, muy lejos, / me está viviendo. / <...>".
Volver
arriba
Agregar
a Mis Favoritos
En Inglés... o en el idioma
que quieras. Usa la traducción en línea
Garantías de privacidad:
La información aquí recogida está
sujeta a la <legislación
sobre protección de datos. Del mismo modo declaro mi derecho
a la intimidad y las repercusiones que de el se derivaran.
|

Rafael Alberti

Vicente Aleixandre

Dámaso Alonso

Gerrado Diego

Federico G. Lorca

Jorge Guillén

Miguel Hernández

Pedro Salinas
|