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SINTESIS:

Por la propia normativa en materia de Servicios Sociales, El Servicio de Ayuda a domicilio es una prestación básica que ha de ofrecerse a la población objeto de este servicio a través de las diferentes estructuras encomendadas para ello(Corporaciones locales, Diputaciones, etc.).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL SERVICIO DE AYUDA A DOMICILIO

Contexto Social.


Aspectos demográficos.

Con carácter previo a este apartado, vamos a situarnos en un plano conceptual de aquella terminología, que nos va a servir de base para relacionar los diferentes elementos que aquí se exponen.

Extensión de vida o expectativa de vida máxima. Se trata del máximo período de tiempo que puede alcanzar la vida de un individuo. Es diferente para cada especie y se ha mantenido inmutable a lo largo de los tiempos. Siempre, en todos los períodos de la historia y en todas las especies animales, han existido individuos excepcionales que, en una proporción muy minoritaria, han logrado vivir ese período de tiempo. En el caso de la especie humana la esperanza de vida máxima se sitúa en torno a los 115 años, y no hay ningún tipo de evidencia demostrada de nadie que, en ningún lugar del mundo o época de la historia, haya sobrepasado esa edad. Entre 1970 y 1980 se produjeron en España (Instituto Nacional de Estadística) 155 muertes en personas entre 110 y 114 años y ninguna en edades superiores. Buena parte de la investigación gerontológica actual va encaminada a modificar -alargar- esta constante.


Esperanza o expectativa de vida media. Se refiere al período de tiempo que, con criterios estadísticos, puede previsiblemente vivir un individuo a partir de un momento determinado, bien sea el de su nacimiento o el de una edad determinada. Para establecer esta cifra se toma como base el conjunto de la población utilizado como punto de referencia y se establece el valor medio previsible. Este concepto es cambiante y de hecho ha sufrido modificaciones muy importantes a lo largo de la historia y también en función del referente geográfico. Así, en la Roma del siglo I la esperanza de vida media al nacer superaba ligeramente los 30 años. En la España de principios del siglo XX se situaba en los 35 años, mientras que al final de éste, al igual que en el resto de los países desarrollados, está entre los 75 y 80 años, siempre varios años por encima en el caso de las mujeres (tabla 1). Los datos actuales de España (1991) dan una esperanza de vida al nacer en torno a los 80 años para las mujeres y a los 74 años para los varones, con muy pocas variaciones regionales. A este cambio han contribuido, sobre todo, la reducción de la mortalidad infantil, las mejoras higiénicas y de alimentación y los avances médicos de todo tipo: control de infecciones, anestesia, desarrollo de la cirugía, nuevos fármacos, etc.

En los últimos años se han incorporado dos nuevos conceptos: los de "esperanza de vida independiente" y "esperanza de vida dependiente", entendiendo por ellos que el individuo en cuestión sea o no capaz de valerse por sí mismo. (p. ej., desplazarse desde su cama hasta una silla) o requiera la ayuda de terceras personas. Hoy se sabe que en nuestro país la esperanza de vida de una persona a los 65 años es de unos 16-17 (tabla 2), de los cuales, alrededor de 9 (el 60%) serán de vida independiente, mientras que el otro 40% lo será de vida dependiente. Estas proporciones se modifican con el tiempo transcurrido y el período de dependencia aumenta a medida que la edad de referencia que se toma es más alta. Reducir cada vez más este período de vida dependiente constituye uno de los grandes retos de la geriatría actual. El lema "Dar vida a los años" ha sido adoptado por numerosas instituciones.

Por "índice de envejecimiento" se entiende la proporción de individuos mayores de 65 años en relación con el total de la población. Se trata de un índice en crecimiento continuo, que ha pasado de ser en España del 7,2% en 1950 al 8,2% en 1960, y a superar el 13% en el censo de 1990. Ello significa que si en 1960 el número de españoles mayores de 65 años era de 2.500.000, en 1990 supera los 5.000.000. Las previsiones para el año 2010 son de 6.200.000 individuos con más de 65 años y, lo que es más importante, 1.500.000 por encima de los 80, y se prevé que superará el 15% antes del año 2000. Este índice es similar al de los demás países europeos desarrollados y muy superior al del resto de los países del mundo (tabla 3). Al incremento de este índice contribuye no sólo el hecho de que las posibilidades de vida se hayan alargado considerablemente y exista cada vez mayor número de ancianos en todos los subsegmentos de edad, al menos hasta los 95 años, sino también la disminución en la natalidad que, en el caso de España, ha pasado de ser de 2,8 hijos por mujer en 1970 a 1,3 en 1990. El índice de envejecimiento se ha utilizado como parámetro para medir el desarrollo de un país, estableciéndose de forma arbitraria el valor del 10% como frontera entre desarrollo y subdesarrollo.
Aspectos sociales.

La realidad social de nuestro país, materializada, en el contexto que nos ocupa, en un aumento de porcentaje de personas mayores, producto del cambio en la pirámide de edades, en el aumento de la esperanza media de vida al nacer, ocupando uno de los primeros lugares en el mundo, junto a otros factores y estilos de vida propios; hacen que se prevea una población potencial usuaria del Servicio de ayuda a Domicilio en los próximos años con un crecimiento tal que los Servicios Sociales habrán de dar respuesta de la misma manera que se viene dando en otros grupos de población -no excluyentes- de tales dimensiones, como son educación y salud.

La edad de jubilación se establece al igual que en la mayoría de los países de nuestro entorno, en los 65 años. Si hacemos una proyección de la población en nuestra Comunidad Autonómica, podremos observar un crecimiento de los grupos de edades correspondientes a mayores de 65 años y un aumento de la esperanza de vida al nacer que harán que la pirámide de edades de nuestra población aumente en este sector, concretándose en los grupos de edades de más de 80 años.

Por la propia normativa en materia de Servicios Sociales, El Servicio de Ayuda a domicilio es una prestación básica que ha de ofrecerse a la población objeto de este servicio a través de las diferentes estructuras encomendadas para ello(Corporaciones locales, Diputaciones, etc.).

Tenemos por tanto tres factores: Un marco normativo de actuación en materia de Ayuda a domicilio, un contexto social y demográfico que exige una demanda cuantitativa y cualitativamente distinta a la prestada hasta la fecha y una realidad social que necesita obtener una respuesta adecuada a tal demanda. Nuestro objetivo va a estar marcado por el paso de los modelos tradicionales a un nuevo modelo de servicios que aglutine y coordine de forma sistemática esta respuesta. Esto se transforma en la práctica en un análisis de necesidades individuales, en una participación de todos los agentes implicados y en una profesionalización de los servicios que se ofertan.

 


Si analizamos los modelos de prestación de servicios en la tercera edad obtenemos una clasificación que iría desde el modelo de rechazo, servicios sociales, participación y actualización (Moody, H.R., 1976).

 

Modelo "rechazo"

El modelo rechazo es el resultado de las múltiples actitudes negativas que prevalecen en la sociedad respecto a la senectud en general. Ésta se ve contemplada y juzgada como la antítesis de los valores sociales prevalentes ( productividad, rentabilidad, utilidad, dinamismo, etc.) Dichas actitudes de la sociedad generan unos procesos intrapsíquicos de represión y denegación que, a su vez, se proyectan y traducen en la creación de instituciones sociales y el uso de mecanismos determinados para descargarse los problemas que aquéllos causan. Como manifestaciones más o menos evidentes de este modelo tenemos en nuestro entorno los asilos, residencias, comunidades, centros de caridad o, lo que es peor, el abandono. Ante este tipo de actitud social parece lógico que puede ser muy difícil incluso el mero hecho de plantearse la problemática de asistencia en materia social con una perspectiva integradora o de futuro.

Modelo "Servicios Sociales"

Este modelo presenta otro nivel de actitudes. No se ha superado el sentido basado en déficits otorgado a la ancianidad, seguimos con un modelo apoyado en presupuestos filosóficos deficitarios. Una diferencia o avance con respecto al modelo precedente es que la sociedad no manifiesta explícitamente el rechazo, más bien al contrario parece estar interesada en el bienestar de las personas ancianas. Sin embargo esto no es suficiente, implícitamente se percibe cierto grado de desvinculación con el resto de integrantes de la sociedad, existe cierta marginación por razón del grupo de pertenencia. Los ancianos irán dejando unos puestos libres en la sociedad, que irán siendo ocupados por los más jóvenes. Esta actitud se ve reflejada por la aparición y permanencia de instituciones dedicadas a satisfacer las necesidades de los ancianos apartados de la sociedad productiva. Es la cultura del ocio, que no pretende sino paliar en la medida de lo posible los efectos de este tipo de marginación. Aparecen profesiones que se ocupan de dar esta respuesta: Cuidadores, trabajadores sociales, ludoterapeutas, médicos, psicólogos, etc.


Modelo "participación"

Siguiendo con la línea ascendente, nos encontramos con este modelo, el cual no admite el rechazo, sí la aceptación del anciano, reconociendo sus propias características, sin poner especial énfasis en el deterioro, aunque admitiéndolo en los casos que éste se dé. Desde el punto de vista social, se pretende la integración, afianzando y fomentando aquellas actividades que estén asociadas a lo que cabe calificar como vida normal en un ambiente interrelacional concreto y determinado. La respuesta de la sociedad no está referida a proporcionar, ofrecer ni extender unos servicios institucionales, sino que pretende restringirlos radicalmente porque hay conciencia de que, a pesar de sus buenas intenciones, colaboran en el agravamiento del problema. La actitud que adopta este modelo no admite la pasividad del sujeto, entendida por una postura inadecuada e impropia. Aquí nos encontramos con unos principios de preparación para nuevos roles activos, llegando incluso a plantearse como un reto político que pueda paliar los estereotipos de la persona anciana.


Modelo "Actualización"

El último modelo que presenta Moody es el llamado "actualización". Es el que ofrece una visión completamente positiva y humana. Pretende alcanzar la participación de la persona senecta, basándose precisamente en las características propias e inherentes a cada individuo. Se concibe a la ancianidad como un periodo de potencial desarrollo psicológico, porque admite que representa una etapa durante la cual algunas cosas son especialmente posibles, viables e, incluso, convenientes. La intervención social debe cubrir todos los ámbitos posibles: laboral, cognitivo, creativo, interrelacional, familiar, familiar, etc., porque debe abordar y satisfacer plenamente todos los campos que abarcan los problemas del autodesarrollo y solución de necesidades personales. En definitiva, esta intervención social integral pretenderá la realización total de la persona, es decir, adecuación perfecta de las características sociales con las personales y viceversa.


Desde otra perspectiva podemos señalar tres teorías que ayudan a comprender si la vejez en la persona se produce de forma exitosa: la actividad, la disociación y la continuidad.

Teoría de la actividad.

Nos dice que aquellas personas más socialmente activas tienen una mayor capacidad de adaptación a su vejez. De esta manera, dicha teoría afirma que el estado activo del individuo es la base para mantener su propia autorrealización, y que el decremento de tales actividades sociales no son sino una imposición de la sociedad ante el anciano y, en muchas ocasiones, en contra de los deseos del mismo. Señala esta teoría dos puntos fundamentales:

1. Que es necesaria la actividad social para continuar con el desarrollo de roles.

2. La continuidad de los roles son necesarios para la manutención de un autoconcepto positivo. Se dice que existe correlación entre satisfacción con el estilo de vida y la actividad social.

Teoría del compromiso (descompromiso).

Fue propuesta por Cumming (1961) y sugiere que, con el paso del tiempo, el anciano empieza a dar de baja sus roles sociales y que hay un mutuo rechazo y aislamiento de la persona hacia la sociedad y viceversa.

Teoría de la continuidad.

Nos muestra la capacidad de la persona de mantener patrones de acpetación y ajuste del ciclo vital. Dice que si se conoce la personalidad del individuo, se pueden hacer predicciones respecto a su respuesta al propio proceso de envejecimiento. Para este contexto se han identificado cuatro patrones básicos de personalidad:

1. Personalidad integrada. Incluye a la gente madura y contenta pero con una gran variedad de niveles de actividad, desde el altamente activo hasta el disociado.

2. Personalidad defensora. Son las personas que mantienen sus valores y normas de la edad adulta, y que se angustian ante las pérdidas o cambios sufridos por su nuevo estatus de envejecimiento.

3. Personalidad pasiva-dependiente. Incluyen a los altamente dependientes y apáticos. Muestran poco interés por cuestiones que le rodean e incluso en situaciones normales motivan a otros en su misma circunstancia.

4. Personalidad no integrada. Supone el marco de aquellas personas con alteraciones mentales.


Existen factores externos al propio individuo que emanan de la propia sociedad esto es:

La diversidad sociocultural y psicológica del anciano requiere una valoración más completa, más allá de presupuestos filosóficos, sólo por el hecho de ser anciano.

Existe la posibilidad de que pudieran haber cambios en los roles a desempeñar, que afectaran al comportamiento, la autopercepción y la existencia o falta de apoyos sociales (viudez, jubilación, enfermedades)

La familia y los contactos sociales son fuentes esenciales de apoyo a la persona anciana.

La identificación de un grupo étnico puede ser, en culturas diversificadas, otra fuente de apoyo social valiosa.

La sociedad se ve afectada por el aumento de gente mayor (todas las sociedades).

El estado de salud es un determinante de estado de comodidad o bienestar en la vejez.

 

Marco Normativo.


Constitución Española: El artículo 1º señala que España se constituye en un Estado Social y democrático de derecho. El artículo 9º establece que los poderes públicos promoverán las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integran sean reales y efectivas, removiendo los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitando la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social. Del mismo modo, el artículo 14º consagra el principio de igualdad ante la Ley. Esto se traduce en una concepción próxima a los modelos de intervención social en la vejez, basados en la participación y la actualización, lejos de aquellos presupuestos de rechazo y deficitario.

Estatuto de Autonomía para Andalucía: En su artículo 13.22 establece la competencia exclusiva de la Comunidad Autonómica en materia de Asistencia y Servicios Sociales.

Es en la década de los 80 cuando algunos Ayuntamientos inician la implantación de los Servicios Sociales Comunitarios, apoyados técnica y financieramente por las Diputaciones provinciales, promulgándose en el año 1986 el Decreto 49/1986, de 5 de marzo, para la creación de los Servicios Sociales Comunitarios de Andalucía. Éste será el marco legal hasta la aprobación de la Ley de Servicios Sociales de Andalucía de 1988.

Junta de Andalucía: Ley 2/1988, de 4 de abril: Por esta Ley se determinan las competencias de las distintas Administraciones en nuestra comunidad, en materia de Servicios Sociales Comunitarios, que son las siguientes:

Competencias de la Junta de Andalucía.

1. Planificación general de los Servicios Sociales.
2. Coordinación de actuaciones, inversiones y programas entre la Junta de Andalucía, las Corporaciones locales y la iniciativa social.
3. Supervisión y control del cumplimiento de la normativa en vigor.
4. Determinación de los criterios generales de participación de los usuarios en los Servicios Sociales.
5. Gestión de los Centros o Servicios de carácter supraprovincial.
6. Promoción y realización de investigaciones y estudios.
7. Realización de actividades formativas.
8. Asesoramiento técnico a las Entidades Públicas o de la iniciativa social que lo soliciten.
9. Creación y organización del Registro de Entidades, Centros y Servicios (Decreto 87/1996, de 20 de febrero).
10. Tutela y alta dirección de organismos dependientes de la Junta de Andalucía.
11. Inspección de Entidades, Centros y Servicios que desarrollen su actividad en Andalucía.


Competencias de las Diputaciones Provinciales.

· Aquellas que les están atribuidas legalmente con el carácter de propias.

1. La Ley 11/1987, de 26 de diciembre, reguladora de las relaciones entre la Comunidad Autónoma y las Diputaciones provinciales, señala como competencias propias, la cooperación y coordinación de los servicios municipales, señalando en su artículo 8, que cuando se establezcan programas coordinados o convenios de colaboración en materia de Servicios Sociales para municipios con población inferior a 20000 habitantes, su ejecución se hará a través de las Diputaciones provinciales.

· Delegadas de la Junta de Andalucía (Artículo 18 de la Ley de Servicios Sociales y artículo 42 de la Ley de Diputaciones).

1. Gestión de los Centros de Servicios Sociales Especializados de ámbito provincial.
2. Coordinación y gestión de los Centros de Servicios Sociales Comunitarios.
3. Ejecución y gestión de programas de Servicios Sociales y prestaciones económicas que pudiera encomendarles el Consejo de Gobierno.

Competencias de los Ayuntamientos.

En el caso de los ayuntamientos, la situación es de competencias concurrentes. Hay que tener en cuenta que, basándose en el artículo 26.1 de la Ley de Bases del régimen local, los ayuntamientos de municipios con población superior a 20000 habitantes deben asumir con carácter obligatorio la competencia de prestación de Servicios Sociales.

Por otro lado, la Ley de Servicios Sociales de Andalucía establece en su artículo 19, las competencias que pueden ser delegadas en los ayuntamientos de más de 20000 habitantes, y que son las siguientes:

1. Gestión de Centros de Servicios Sociales Comunitarios.
2. Gestión de Centros de Servicios Sociales Especializados de ámbito local.
3. Ejecución y gestión de los programas de Servicios Sociales y prestaciones económicas que pudiera encomendarles del Consejo de Gobierno.

Existe además un referente que emana desde la Administración Central: el Plan Concertado de prestaciones básicas de Servicios Sociales de Corporaciones Locales. Este Plan Concertado ha servido para homogeneizar, en su ámbito de cobertura (15 CC.AA.), exceptuando el país Vasco y Navarra, la garantía de acceso a la ciudadanía cuatro prestaciones básicas de Servicios Sociales:


1. Información y Orientación.
2. Ayuda a domicilio.
3. Alojamiento-acogida para determinados grupos sociales (madres solteras, mujeres maltratadas, menores abandonados, mendigos, etc.)
4. Prevención e inserción social para personas o colectivos en situación de riesgo o marginación social.

Tales prestaciones coinciden prácticamente con las que las CC.AA. han ido reconociendo en su ámbito. La materialización de dicho Plan Concertado se realiza a través de convenios que se suscriben por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales y las CC.AA.

En nuestra Comunidad Autónoma, en lo relativo al Servicio de ayuda a domicilio se concreta en la Ley de Servicios Sociales en Andalucía: normas reguladoras (2/1988, de 4 de abril) en la que se estructuran los Servicios Sociales en las modalidades Comunitarios y Especializados.

Dentro de los Servicios Sociales Comunitarios (Artículo 6º), se contemplan como áreas de actuación -apartado 3- la Atención y promoción del bienestar de la vejez. Más adelante, en el artículo 10º la citada Ley, señala las prestaciones de los Centros de Servicios Sociales Comunitarios, entre los que se encuentra la prestación de ayuda a domicilio en su apartado 3º; este servicio va "dirigido a la prestación de una serie de atenciones de carácter doméstico, social y de apoyo personal a individuos o familias, facilitándoles la autonomía en su medio habitual."
El Decreto 11/1992 de 28 de enero, establece la naturaleza y prestaciones de los Servicios Sociales Comunitarios, dedicando el artículo 4º al Servicio de Ayuda a Domicilio en los siguientes términos:

1. El Servicio de Ayuda a Domicilio va dirigido a prestar las atenciones necesarias a los ciudadanos, en orden a posibilitar la permanencia en su medio habitual de vida, evitando situaciones de desarraigo.

2. Este Servicio proporciona, mediante personal especializado, una serie de atenciones preventivas, formativas, asistenciales y rehabilitadoras a personas que presentan dificultades en la realización de sus actividades domésticas y habituales, con el fin de facilitar su autonomía en el medio habitual, mantener la estructura familiar o atender ambas circunstancias.

3. Se concreta en las siguientes actuaciones:

· Ayuda de carácter doméstico, consistente en limpieza de hogar, higiene personal, alimentación, lavado de ropa y similares.

· Ayuda de carácter social, ofreciendo canales de comunicación entre los ciudadanos incapacitados y la dinámica familiar y comunitaria.

· Ayuda de apoyo personal, procurando resolver las situaciones específicas de dificultad para la realización interpersonal y familiar.

En este sentido, la orden que regula el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD), establece que su finalidad es "promover, mantener o restablecer la autonomía personal del individuo o familia con el fin de facilitar la permanencia en su medio habitual de vida evitando situaciones de desarraigo y desintegración social". Enumera una serie de objetivos de los que destacamos los siguientes:


1. Promover la convivencia del usuario en su grupo familiar y con su entorno comunitario.

2. Favorecer la participación del usuario en la vida de la comunidad.

3. Favorecer en el usuario el desarrollo de capacidades personales y de hábitos de vida adecuados.

 


Organización del Servicio.

El Servicio de Ayuda a Domicilio (S.A.D.) es un servicio comunitario de carácter social y sanitario, que ofrece un apoyo individualizado y profesional a los tres niveles: preventivo, asistencial y rehabilitador a familias o personas solas, con dificultades para mantener o restablecer su bienestar físico, psíquico o social, fomentando el que puedan continuar viviendo en su hogar con la suficiente autonomía mientras sea posible y conveniente.


Partimos de un reconocimiento de las características propias de cada individuo y la relación con su entorno; un objetivo claro en cuanto a la integración en su medio, normalizando las situaciones para hacer la vida tan normal como sea posible, fomentando y afianzando aquellas capacidades que posee la persona, aunque ofreciendo una respuesta concreta ante situaciones de necesidad o déficit.


Para ello nos basamos en la integración de actuaciones cuidadoras, curadoras y educativas. En este sentido se propone la activación de un servicio de Ayuda a Domicilio que, siguiendo las directrices de los Servicios Sociales comunitarios de la Administración correspondiente, contemple la atención tanto dentro como fuera del domicilio y que dé respuesta a la demanda programada como a la urgente, constituyéndose en un servicio con capacidad para cubrir las situaciones de "urgencia" que puedan surgir. Es importante destacar los niveles de especialización en función de las necesidades del usuario/a; lo que se traduce por un nivel de atención básico y un nivel de atención especializado.


Objetivos del servicio.


§ Prevenir la marginación, aislamiento o abandono de las personas que tienen limitada su autonomía personal por circunstancias psicosociales o sanitarias.

n Prestar la ayuda en las actividades y tareas que el usuario/a no puede hacer por sí solo, desarrollando y fomentando las propias capacidades del individuo.

n Aumentar la calidad de vida de las personas que por diferentes causas se hallan en sus domicilios en precariedad o sobreviven con grandes dificultades.

n Crear un entorno propicio para completar el papel de la familia y de las relaciones interpersonales tan necesarias a lo largo de todo el ciclo vital, especialmente en la tercera edad.

n Fomentar en los individuos aquellos hábitos de vida saludables necesarios no sólo para evitar la aparición de enfermedades sino para aumentar su calidad de vida.

n Reducir el número de días de estancia en los centros hospitalarios, prestando aquellos cuidados básicos y especializados en función del análisis de necesidades personales.



Recursos humanos.


El perfil profesional de los auxiliares de Ayuda a domicilio viene determinado por su experiencia profesional, su formación básica y una formación complementaria y específica, apoyada en los siguientes contenidos:


1. Análisis de necesidades. Habilidades sociales. Planificación.

2. Mantenimiento y cuidados del hogar.

3. Educación para la Salud 1: Nutrición y dietética.

4. Educación para la Salud 2: Medidas higiénico-sanitarias.

5. Educación para la salud 3: Prevención y atención socio-sanitaria.

6. Recursos sociales, normalización e integración.

7. Gestión y administración básica.

 

n ORGANIZACIÓN A NIVEL LOCAL:

n Supervisor del servicio.
n Auxiliares de ayuda a domicilio.


n ORGANIZACIÓN ESTRUCTURA CENTRAL:

n Profesional con conocimientos acreditados en el área tanto social como sanitaria, cuyo perfil académico sería el de licenciado en Ciencias Sociales y Humanas (Psicología/Pedagogía/Sociología) y Diplomado en Enfermería, como Coordinador de los Programas de Ayuda a Domicilio.

n Consultoría. Es necesario contar con profesionales titulados en áreas sociales y sanitarias tales como psicólogos, sociólogos, pedagogos, trabajadores sociales, médicos y enfermeros. Todos con formación y experiencia para asesorar en aquellos temas de su especialidad, así como para apoyar la implementación de proyectos o líneas de actividad innovadoras en un futuro inmediato.

Aplicación del modelo.


Se trata de un servicio que se basa en un modelo teórico con diferentes tipos de necesidad (normativa, percibida, expresada, relativa); utiliza unas técnicas de intervención diseñadas, supervisadas y evaluadas por profesionales adecuados y se materializa en la práctica en atención personal, doméstica, de apoyo psicosocial y familiar y relaciones con el entorno.

El Servicio de Ayuda a Domicilio se presta en el domicilio habitual del usuario. Con esto se consigue uno de los objetivos de este servicio: Aumentar la calidad de vida de las personas que por diferentes causas se hallan en sus domicilios en situación de dependencia. Entendiendo por dependencia la falta de autonomía personal en cualquiera de sus aspectos. Para aclarar este concepto dentro del contexto de la Ayuda a Domicilio abordamos los siguientes aspectos:

Conceptual.

Persona dependiente: Aquella que no puede realizar satisfactoriamente las actividades diarias y habituales, consideradas esenciales, sin ayuda externa.

Capacidad funcional: Aptitud para realizar determinadas funciones o actividades de la vida diaria. Éstas se pueden dividir en actividades básicas y actividades instrumentales. Las actividades básicas están relacionadas con el autocuidado (levantarse, vestirse, alimentarse, aseo, etc.); las instrumentales están relacionadas con el desarrollo de actividades de vida independiente y autónoma (cocinar, limpiar, realizar las compras y otras gestiones, controlar la medicación, etc.).

Nuestro análisis de necesidades estaría fundamentado en conocer la capacidad funcional de la persona, es decir, determinar con precisión qué actividades puede realizar por sí solo, qué actividades le están vedadas, qué actividades podría hacer con ayuda externa y qué actividades habría que hacer para ella. En definitiva, fomentar y potenciar sus capacidades personales y compensar los déficits detectados.

Además de esa primera valoración de la capacidad funcional e integrada en el análisis de necesidades, establecemos otra valoración: su capacidad cognitiva, esto es, su propia autonomía utilizando los procesos mentales: memoria, atención, razonamiento, etc. Se trata de ir completando todas las necesidades que son inherentes a cada individuo, siguiendo el esquema de Maslow:

1. Necesidades fisiológicas (hambre, sed, autocuidados)
2. Necesidades de seguridad, estabilidad, protección.
3. Necesidades de pertenencia y afecto.
4. Necesidades de estimación y valoración positiva de los demás.
5. Necesidades de autorrealización, aprendizaje, etc.

Organización del Servicio.

Comprende las diferentes etapas que hacen que el Servicio de Ayuda a Domicilio esté estructurado y programado de acuerdo a criterios profesionales en función de lo desarrollado anteriormente. Esta programación no supone barreras a la toma de decisiones por nuevas necesidades detectadas, sino que por el contrario facilita precisamente preverlas y abordarlas con mayor eficacia.

Evaluación inicial.

Es especialmente importante esta primera toma de contacto que, además de proporcionarnos información relevante sobre las necesidades de la persona, establece una relación profesional entre el usuario y nosotros. Aporta un punto de partida para disminuir el rechazo inicial -lógico- entre ayudante y ayudado. Además establece las bases de una relación de tipo terapéutico/orientadora con el objetivo puesto en cubrir las necesidades del cliente. Esta evaluación inicial abarca a la persona, su percepción y sus deseos, familiares, apoyos, otros significativos, entorno, estructura física de la vivienda, hábitos, aspectos sanitarios, educativos y psicosociales.

Planificación de actividades.

En esta fase se definen los objetivos específicos, indicando los recursos humanos y materiales, el horario y cuantas medidas concretas van a llevarse a cabo. Se dividen las siguientes fases dentro de la etapa de Panificación:

Estructura física de la vivienda. Eliminar/disminuir barreras, asesorar a familiares sobre las ayudas técnicas para normalizar lo mejor posible las situaciones, se trata de normalizar estas situaciones, nunca las personas. Aquí puede ser interesante en determinadas situaciones de soledad no deseada complementar la ayuda a domicilio con un servicio de Teleasistencia. El objetivo se centra en proporcionar un espacio adecuado para proporcionar los cuidados y reforzar la sensación de seguridad y protección del cliente. Ejemplo:

"Doña María precisa avisar al técnico del gas para que revise su instalación aprovechando que le acompañe en su domicilio la auxiliar de ayuda a domicilio"

Determinar prioridades. Esta fase supone el listado de tareas a realizar por la auxiliar, indicando el tiempo de dedicación, aunque dejando un margen de flexibilidad a valorar por la auxiliar, el cliente y sus familiares. Se pueden enumerar a modo orientativo y no exclusivo, las siguientes:

1. Tareas de cuidado personal. Ayudar a la persona, estimularla en las actividades básicas de la vida diaria (ABVD):

ü Levantarse
ü Asearse
ü Bañarse/ducharse
ü Caminar por casa
ü Vestirse
ü Calzarse
ü Peinarse/arreglarse
ü Comer
ü Bajar/subir escaleras

2. Tareas domésticas. Ayudar, enseñar y estimular al cliente y/o familiares si los hubiere a realizar las actividades instrumentales (AIVD):

ü Confeccionar menús y comprar alimentos
ü Cocinar, poner la mesa
ü Hacer la cama
ü Limpieza del hogar(barrer,muebles,suelo,vajilla,ventanas)
ü Ordenar la casa y los enseres
ü Atender la colada, planchar, ordenar, cuidar la ropa

3. Cuidados específicos personales. Consisten en aplicar aquellas atenciones que se precisan una vez detectadas necesidades de la evaluación inicial. Hay que seguir las instrucciones de los profesionales prescriptores en su caso.

ü Movilización y cambios posturales (prevención de escaras)
ü Hacer la cama con enfermo encamado
ü Higiene y manipulación de pañales y otros materiales de higiene
ü Cambio de colectores y bolsas
ü Higiene personal en encamados/inmovilizados
ü Alimentación especial
ü Educación sanitaria a familiares y usuarios

4. Relaciones interpersonales.

ü Paseos
ü Realizar las compras
ü Orientar, leer la prensa, charlar
ü Estimular a escribir, contactar con sus allegados
ü Escucharle

5. Asesoramiento y gestión básica

ü Orientar a la gestión del hogar
ü Ayudarle a realizar las gestiones contables
ü Estimularle a realizar por sí mism@ las obligaciones como ciudadan@
ü Palnificar y ayudar en la planificación y proyecto de vida


6. Asesoramiento sanitario.

ü Control y educación sanitaria
ü Farmacovigilancia
ü Gestión de citas y revisiones médicas
ü Educar sobre los recursos sanitarios disponibles
ü Favorecer hábitos saludables
ü Control y educación sobre dietas
ü Desmitificar patologías

 

 

Planificación de la ayuda. Se fijan los objetivos, así como las actividades y tareas concretas a realizar, especificando con claridad cada actuación. Ejemplos de esta planificación serían:

"Lograr una limpieza de la vivienda con la participación de algún familiar o del cliente".

"Conseguir en el plazo de dos meses que Don José mantenga ordenado su vestuario y pueda salir a pasear por las tardes, recuperando la tranquilidad de su sobrino".

"Alcanzar en el plazo de tres semanas que Doña María recupere su destreza y motivación para realizar recetas de cocina sencillas, en función de lo prescrito por su médico".

"Aumentar la autoestima de Doña Rosa, ayudándole a repasar la prensa y acompañándola en su paseo a la compra".

"Evitar la aparición de escaras a Don Julio, proporcionándole cambios posturales y enseñando a su nieta a realizar tales cambios".

Las actividades que materializan estos objetivos serían a modo de ejemplo los siguientes:

"Martes y Jueves, limpieza de aseo, cocina y dormitorio. Enseñar la forma correcta de utilizar los desinfectantes en el baño".

"Estimular y orientar a Don José a vestirse de forma adecuada para su paseo diario".

"Ayudar a Doña María en la cocina, preguntándole qué plato va a preparar para el día siguiente. Confeccionar con ella la dieta, enseñándole los aportes de cada menú y los alimentos más adecuados".

"Charlar con Doña Rosa sobre la actualidad, detectando sus centros de interés y aprovechar estos para estimularla en la conversación".

"Cada día por las mañanas, con ayuda de su nieta, cambiar de postura a Don Julio, asegurándose de que se sienta cada día un par de horas en el sillón".

Realización de la ayuda.

Se llevan a cabo las actividades y tareas planificadas para cada cliente. Se refleja en un libro de registro como un proceso de ayuda con las intervenciones concretas en cada caso. En el libro de registro se anotan todas las actividades, comenzando por las Actividades básicas y las instrumentales (ABVD, AIVD). Se establece en esta fase una relación entre la auxiliar y el cliente, fomentando los lazos psicoafectivos tan necesarios en este tipo de relación profesional. Para ello es fundamental la continuidad en la prestación del servicio, evitando los cambios innecesarios siempre y cuando sea posible. No se trata de establecer una dependencia o cambiar una dependencia por otra, sino situar un referente para lograr una auténtica autonomía. La actitud del profesional debe ser por tanto de empatía, de escucha activa, comprensividad y sobre todo, de consenso con el ayudado y sus familiares.

Evaluación del Programa.

Volvemos a reevaluar las necesidades, adaptando las respuestas a nuevas formas de intervención. Se trata de un proceso cíclico en el que se produce una dinámica de reflexión sobre nuestra actuación y las repercusiones que tiene en el cliente. Se valoran con un sentido de autocrítica para favorecer cambios y mejoras en la calidad de la prestación. Especialmente importante es identificar los logros cualitativos y cuantitativos definidos a principio, volver a marcar y establecer indicadores y dinamizar todo el proceso nuevamente para pasar de nuevo a la fase de diseño y ejecución.

ANEXOS.

ESCALA DE VALORACIÓN DE AUTONOMÍA PERSONAL BÁSICA


FUNCIONES NIVEL 3 NIVEL 2 NIVEL 1 RESULTADO
Levantarse Sin ayuda Con ayuda Dependencia
Bañarse Sin ayuda Con ayuda Dependencia
Vestirse Sin ayuda Con ayuda Dependencia
Alimentarse Sin ayuda Con ayuda Dependencia
Aseo Sin ayuda Con ayuda Dependencia
Esfínteres Controla A veces No controla


Mínimo=6 puntos, máximo 18. Hay que valorar la percepción del propio usuario para cada una de las funciones. Se puede dar el caso de que una persona valora negativamente una puntuación de 16 por no controlar esfínteres o necesitar ayuda para bañarse.

Índice para la valoración de las actividades instrumentales de la vida diaria.
(Philadelphia Geriatric Center, Lawton y Brody, 1969) Citado por Rodríguez, P. 1997.

A. Capacidad para usar el teléfono.
1. Utiliza el teléfono por iniciativa propia, busca y marca números......................1
2. Marca unos cuantos números conocidos............................................................1
3. Contesta al teléfono pero no marca....................................................................1
4. No usa el teléfono en absoluto............................................................................0

B. Ir de compras.
1. Realiza todas las compras necesarias con independencia...................................1
2. Compra con independencia pequeñas cosas.......................................................0
3. Necesita compañía para realizar cualquier compra.............................................0
4. Completamente incapaz de realizar compras......................................................0

C. Preparación de la comida.
1. Planea, prepara y sirve las comidas adecuadas con independencia.....................1
2. Prepara las comidas adecuadas si se le dan los ingredientes...............................0
3. Calienta, sirve y prepara las comidas pero no mantiene una dieta adecuada......0
4. Necesita que se le prepare y sirva la comida......................................................0

D. Cuidar la casa.
1. Cuida la casa solo o con ayuda ocasional en trabajos duros.................................1
2. Realiza tareas domésticas ligeras como fregar platos o hacer camas....................1
3. Realiza tareas domésticas ligeras pero no mantiene un nivel aceptable...............1
4. Necesita ayuda en todas las tareas de la casa........................................................0
5. No participa en ninguna tarea doméstica..............................................................0

E. Lavado de ropa.
1. Realiza completamente el lavado de ropa personal...............................................1
2. Lava ropas pequeñas, aclara medias, etc...............................................................1
3. Necesita que otro se ocupe de todo el lavado........................................................0

F. Medio de transporte.
1. Viaja con independencia en transportes públicos o su propio coche....................1
2. Capaz de organizar su transporte utilizando taxis, pero no usa otros transportes públicos.................................................................................................................1
3. Viaja en transporte público si le acompaña otra persona......................................1
4. Sólo viaja en taxi o automóvil con ayuda de otra persona....................................0
5. No viaja en absoluto.............................................................................................0

G. Responsabilidad sobre la medicación.
1. Es responsable en el uso de la medicación en las dosis y horas correctas............1
2. Toma responsablemente la medicación si se le prepara con anticipación en dosis separadas...............................................................................................................0
3. No es capaz de responsabilizarse de su propia medicación..................................0

H. Capacidad de utilizar el dinero.
1. Maneja los asuntos financieros con independencia (presupuesta, rellena cheques, paga recibos y facturas, va al banco), recoge y conoce sus ingresos....................1
2. Maneja los gastos cotidianos pero necesita ayuda para ir al banco, grandes gastos, etc.............................................................................................................1
3. Incapaz de manejar dinero...................................................................................0


Notas. La puntuación máxima es 8. Hay que valorar la incapacidad de realizar tareas por causas culturales (lavar, planchar, etc. En hombres).


 


 

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